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El barrio del Aguacate

Rubén Helio Mascareñas Valadez

El barrio del Aguacate, pintoresco rincón de la cabecera municipal de Sabinas Hidalgo, Nuevo León, se encuentra en la parte central del área habitada de la población y queda atrincherado entre el río Sabinas al sur y al oriente, y la antigua calle de Piedra o Camino Real, hoy Niños Héroes al norte y poniente, por donde se dice que entraron los españoles fundadores del Real de Minas de Santiago de las Sabinas.

El barrio recibe su nombre de las numerosas huertas de ese árbol lauráceo de nuestra América cuyo fruto hace las delicias de la cocina mexicana. El sabor del aguacate criollo de Sabinas y también el de sus injertos posteriores me enseñó a chiquearme ante las nuevas especies, menos jugosas o más resecas. Siempre que tengo oportunidad, compro aguacates de cáscara delgadita, de sabor muy parecido al de los de mi Barrio del Aguacate.

Yo no nací en el barrio. El barrio me recibió cuando llegué desde Anáhuac acompañando a mi familia y contando apenas año y medio de edad. No quiero ser desconsiderado pues, con su hospitalidad, ya que me acogió en su seno, me enseñó un estilo de vida y me espera para cuando mis días se hayan cumplido, mis modestos afanes lleguen a su fin.

No habiendo nacido en Sabinas, es mi orgullo, sin embargo ser del barrio del Aguacate. Lo considero mi terruño y creo que es incomparable como los demás barrios de pueblo, ya que cada uno tiene lo suyo. Quiero, pues, ser instrumento para el conocimiento de mi barrio y de mi pueblo, de mi estado y de mi país; porque en cada barrio y en cada rincón de nuestro suelo late lo más entrañable de nuestros recuerdos, aquellos que es el germen del amor patriótico.

Siendo pues un intruso en mi barrio, él me acogió con ternura, me cuidó como un padre, me enseñó como un maestro, me amó como una novia y sé que me recuerda como un amigo.

Siento una triste melancolía, una dulce añoranza y una gran nostalgia por mi barrio. Los recuerdos se agolpan en la memoria y es menester un gran esfuerzo para ordenarlos y darles forma intangible.

Quisiera con este trabajo engrandecer la imagen de mi barrio para que no sufra mengua alguna en la que tiene cualquiera de sus habitantes que pudiera leer este pergeño de historia.

Espero, comprensivo lector amigo, que este escrito merezca tu atención; que logres ver en él un retrato romántico de tu terruño; que mis recuerdos revivan tus recuerdos; que mi barrio te haga recordar tu barrio. Y si alguna emoción despierta en tu corazón, habré logrado mi objetivo.

Inicialmente, unas palabras de exaltación a la memoria de mi barrio, que bien valen para cualquiera de los muchos que tenemos en México:

Barrio querido te extraño tanto como ave al nido Barrio sereno tu quietud me dice: “Se siempre bueno” Barrio sombreado que el sol rechazas como un escudo Barrio de barrios siembre me sabes a algo sabroso Barrio dolorido que fuerte helada tiró al olvido De hombres sabios mujeres bellas calles tranquilas patios sombreados Barrio de pueblo llevo en el alma tu fiel recuerdo Barrio esplendente lleno de lustre de honor y gloria has sido cuna de mil ilustres, sabias personas Oh, barrio-espina que llevo siempre en mi ser clavado Interverado, del pueblo antiguo Barrio querido en mí tu llaga es fiel recuerdo barrio modelo barrio arquetipo barrio ejemplar Barrio de barrios toma el recuerdo de un hijo tuyo que estar quisiera siempre a tu lado.

El Barrio del Aguacate es la síntesis del alma sabinense. Decir barrio del Aguacate es decir Sabinas. Sus huertas sombreadas, con el suelo cubierto de hojas secas y de tierra suave; amorosa cobija que sazona el lechoso sabor de los aguacates floreños y criollos, redondos y colorados los primeros de hueso grande y poca carne los segundos; de los Pepe, negros alargados y de hueso pequeño; de los Chamano, grandes, negros y carnosos; de los Molina, enormes y jugosos. No hay aguacates tan sabrosos como los aguacates de Sabinas.


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