Celso Garza GuajardoLa campiña estaba más que verde, los árboles y la hierba daban aroma al ambiente al ir transcurriendo por la carretera rumbo a Bustamante, N.L... a media tarde llegamos a la casa de la novia, situada a dos cuadras de la plaza y de la iglesia, en empinada calle de piedra, rodeada de solares, de jacales, de otras rústicas construcciones. Todo estaba arreglado, las cortinas limpias y los adornos de papel crepé, corazones y palomas... los cuartos habían sido acondicionados, despejados de muebles, arreglados como si fueran pequeños salones. Todo en función de hacer espacio para los invitados...

El movimiento se notaba en la cocina y en el patio. El patio estaba barrido y regado, adornado también. Adornos de papel y de ramas naturales. Al fondo una improvisada cocina más el pozo de barbacoa... a un lado, las hieleras.

A las 5 en punto llegó con toda formalidad el oficial del Registro Civil y su ayudante, actuando como verdaderos depositarios de la legalidad civil. Los familiares se fueron acercando junto a los novios: padres, hermanos, tíos y abuelos; ceremonia civil austera, laica y republicana. Se dio lectura de todas las actas, constancias, nombres y señales, más la lectura completa de la Epístola de Melchor Ocampo.

La seriedad se convirtió en regocijo, pues la ceremonia había estado completa, rodeada de sencillez, de belleza y de grandeza, igual al amor de los novios, igual a la bienaventuranza deseada por todos para Sanjuana y Juan Ramón... mis hermanos.

Mientras tanto, el trajinar continuaba en el patio y en las dos cocinas... en los arreglos de última hora. Por el portón entraban y salían las clásicas comadres que ayudan en esos menesteres, así como los amigos que se acomiden para tales efectos. El calor estaba en su punto, lo mismo que las cervezas bien heladas. Había que esperar hasta las 7 para la ceremonia religiosa, ahí nada más a dos cuadras, en la iglesia de San Miguel Arcángel. Todo mundo se fue caminando, el templo estaba lleno de feligreses del pueblo. El ritual de la  misa comenzó con un coro de rostros morenos y un organillo con ritmo de música casi chicana.

En la plaza una feria de puestos y juegos  mecánicos... se oía la música, “canción dedicada para...” La gente exclamaba “¡qué bonitos se ven los novios!” y “¡qué calor, qué calor!”.

La ceremonia también fue completa, llena de sencillez y de sinceridad. Todos los parientes, hermanos, tíos y abuelos quedaron satisfechos. En el pórtico se arremolinó la gente. Luego todo fue despejado y a pie otra  vez hasta la casa de la novia.

Mientras, en el tendajo de la esquina, muchos nos quedamos a tomar sodas para calmar la sed...

Lo que se pensaba sería una fiesta “chiquita”, resultó ser de buenas a primeras una fiesta “grandota”... empezaron a faltar sillas y mesas... ”pásele, pásele, aquí hay lugar”. Lo mismo se entraba por la puerta de la casa que por el portón. La boda de pueblo tomaba forma, emoción y calor, gentes y más gentes. Todo mundo era invitado, todos eran bien recibidos. Trato y comida no faltaron.

La carrera de platillos se hacía para todos lados, para la mesa y hasta para la calle. “Ahí afuerita del portón”... ”aquí parado como”. Los novios saludaban y platicaban con todos. Se movían como alguien más dentro de la fiesta. La noche avanzaba y por aquí y por allá alguien dormitaba.

Las fotos de familiares, con padrinos y con amigos, en una sala de la casa; mientras que en el patio se despejaron las mesas para que el baile se hiciera más amplio.

La barbacoa se sacó del pozo y el menudo también. Los aromas eran excelentes. Aquello fue un espectáculo de media noche. Más platos y tortillas de harina, barbacoa y menudo. Todos alcanzaron. Aquello era un festín. La música seguía...

A la media noche, le gente empezó a despedirse tranquilamente... el retirarse a las casas era evidente. Había alegría y contento. Nada Más, nada menos. Abrazos y felicidades a los novios, la boda de pueblo había terminado, el dulce recuerdo quedaba y una nueva vida empezaba.

De vuelta por la carretera, la luna llena, redonda y completa seguía los pasos de todos...



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