Profr. Santos Noé Rodríguez GarzaHace algunas semanas clamábamos por la lluvia que consideramos sagrada, hoy nos llega en toda su magnitud, aquellos que la deseábamos para que le diera vida a los árboles frutales estamos muy contentos porque hemos visto como la lluvia revive a las plantas dándoles un magnífico esplendor; los que la querían para que diera vida a los campos e hiciera que la hierba creciera, para que los animales pastaran con ella, se sienten felices, ya que los aguajes se están llenando y pronto tendrán líquido para un buen tiempo; los que están temerosos son los que habitan las partes bajas de la población, están contentos porque saben que no les faltará agua para beber, pero están con miedo porque saben que si se derrama en la cantidad que acostumbran traer los ciclones, sus viviendas ubicadas en las partes vulnerables, se verán arrasadas por las corrientes naturales que todo terreno tiene.

Año por año, en temporada de lluvia, se repite la misma situación: hay que preparar albergues para los que estén en peligro, hay que tener lista una gran despensa para alimentar a los necesitados, hay que tener disponibles materiales para reparar los daños causados y todos nos hacemos las mismas preguntas: ¿Por qué los fraccionadores no construyen las viviendas a la debida altitud, para impedir que se llenen de agua cuando llueve? ¿Por qué los técnicos no advierten el peligro y prohíben los desarrollos habitacionales, en lugares donde desembocan corrientes de agua abundantes? En fin: ¿Por qué no hacer las cosas correctamente evitando daños futuros? La naturaleza cobra siempre el espacio que le es quitado y a veces se venga de los profanadores de sus inquebrantables leyes.

Profr. Santos Noé Rodríguez Garza
Cronista de la ciudad
Miembro de la Asociación de Escritores de Sabinas Hidalgo


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