Profr. Salvador Garza InocencioDecía el cronista de antaño, el maestro Francisco J. Montemayor, a quien Sabinas Hidalgo recuerda como el hijo pródigo de la cara aldea; sí, señalaba en sus narraciones toda una verdadera crónica de los acontecimientos que al paso del tiempo constituirían un valioso documento al que bien pudiéramos llamar: La Historia del Pueblo.

Día a día, semana a semana, este ilustre maestro narraba el ayer, en aquella historia pueblerina y cierta denominada “Sucedió en mi Pueblo”, narraciones brillantes y por demás esperadas en “Semana”, hoy periódico de Sabinas Hidalgo llamado “Semana Regional”.

Tal vez hoy nos llama la atención una de sus miles de crónicas, donde trae a la mente de los lectores la historia de un hombre llegado del vecino municipio de Villaldama, trayendo a nuestra mente aquel sinuoso y polvoriento camino de terracería que seguía las márgenes del este milenario Río Sabinas, pasando por el arenal, por las montañas donde existen colores encarnados de pinturas rupestres, donde se halla la milenaria “Cara del Indio”.

En aquel tiempo, en aquellos vehículos de madera y de tracción animal, donde para llegar de un poblado a otro se contaban días.

Utilizando las palabras del maestro de “esa bullanguera ciudad” llegó a nuestro pueblo un hombre de aproximadamente cuarenta años, con su joven esposa y un pequeño crío de tal vez un poco más de treinta días de nacido, renta una casa en el pueblo, allá por las calles de Escobedo y Bravo, baja un sencillo y pobre mobiliario, entre el cual se encuentra una mesa de madera, que le ha servido y le servirá como mesa de trabajo.

Su trabajo empieza, será arduo, en un lugar donde no conoce a nadie. El medio es difícil, sin embargo se aferra a su deseo de triunfar, poco pan llega a la casa, mas sin embargo el hambre motiva a la continuación de la odisea.

Es un hombre formal y busca relacionarse con la gente del pueblo, que lo empieza a querer como si fuese suyo. Lo anterior ocurrió hace más de cien años, para ser exactos, hace 107 años.

Aquel hombre venido de Villaldama con su familia se dedicaba a manejar el complicado mecanismo de precisión matemática, que hacía girar las ruedecitas dentadas que giran en perfecta armonía y que son capaces de medir el tiempo.

En pocas palabras, aquel hombre venido de Villaldama allá por el año de mil novecientos y que se establece en Escobedo y Bravo era relojero.

Posteriormente ese lugar se transforma en un centro de venta de abarrotes, y al frente del mismo Don Eligio Martínez.

Pasa el tiempo, porque su paso es inexorable y allí en ese lugar, valga la “coincidencia”, se establece en ese sitio Don Vicente Rizzi y ¿Sabe qué? Atiende una relojería, la “Relojería Rizzi” de Escobedo y Bravo.

Pero así está el mundo y éstas son “Nuestras Cosas”.

Hasta la próxima.

Garza Inocencio
Miembro de la Asociación de Escritores de Sabinas Hidalgo


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