Profr. Salvador Garza Inocencio

Corría el año de 1933, el agua caía a cántaros, hacía días, varios días, o quizás muchos días, desde el inicio de aquella torrencial lluvia para unos, o de aquel tremendo aguacero para otros.

Muchas casas fueron inundadas, en otras, los techos fueron parcial o totalmente destruidos, lo que permitió que las goteras o la pertinaz lluvia también destruyera parcial o totalmente el sencillo mobiliario de la gente del pueblo, de aquella gente y de ésta que sigue siendo sencilla y que proclama: “A Dios rogando y con el mazo dando”.

Muchos vieron a sus vecinos salir de sus viviendas y abrir las puertas para que el agua “transitara” con mayor facilidad y así impedir el derrumbe de las paredes, de aquellas antiguas paredes construidas con “adobes”.

Aquella calle corría de lado a lado, como si fuese un pequeño río, arrastrando todo a su paso, sí, aquella agua turbia y turbulenta que no perdonaba; las mujeres, las mujeres de aquel entonces con su “tápalo” característico empapado, musitaban oraciones al Creador para que detuviese aquel “diluvio”.

Cuentan que un vecino de ese sitio sale a la calle rumbo al oriente y divisa a lo lejos, donde en apariencia termina la calle, y el lugar que por algún tiempo fue un centro de baile y diversión y donde allí el agua parecía ser absorbida por la madre tierra.

El señor Reyna caminaba en aquella dirección con aquella torrencial agua a la cintura. Las torrenciales y bravas aguas del río del pueblo habían arrancado grandes árboles desde sus raíces, los cuales al llegar en forma horizontal a los pilares del puente, empezaron a formar una represa y las aguas del río empezaron a amenazar a los habitantes del poblado, quienes tomaron algunas medidas, entre ellas la de conseguir dinamita y posteriormente “volar el puente” que con sus pilares obstruía el paso de todo lo que la corriente arrastraba.

Lo que aquellas aguas turbulentas llevaban, eran residuos de casas, enormes árboles, ganado mayor y menor. En el año de 1933, la “Naturaleza” dejó un muy claro mensaje, la calle de “Piedra” antes, hoy llamada “Niños Héroes”, es un brazo del río, la naturaleza en ocasiones reclama lo suyo y que le pertenece.

Pero así está el mundo y éstas son “Nuestras Cosas”.

Hasta la próxima.

Garza Inocencio
Miembro de la Asociación de Escritores de Sabinas Hidalgo



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