Profr. Salvador Garza Inocencio¿Quién ayudará a esa abuela viuda, quien se encargaba de cuidar a su pequeño nieto, mientras aquella madre soltera salía diariamente a buscar el sustento; y trabajaba como mesera en un Centro de Diversiones? Preocupado llega a su casa, con olor a humo, pero hoy no con el olor de humo de tabaco impregnado en su ropa como llegaba todas las noches; hoy su ropa traía un aroma distinta, su ropa olía a humo y a muerte.

El tiempo que sobraba a su actividad diaria aquel hombre lo dedicaba al servicio comunitario, era bombero y su pequeña hija lo abrazaba siempre al llegar y al encontrarse en sus brazos le preguntaba ¿a cuántas personas salvaste hoy? Pero esa noche el llegar a su casa se pequeña hija no preguntó nada, al ver que por las mejillas de la cara de su padre rodaban gruesas lágrimas de coraje y de impotencia y solo alcanzó a murmurar, hoy nos ganó el fuego.

Hoy tres maestras que laboraban en escuelas primarias del área metropolitana de aquella gran urbe, no se presentaron a laborar; y lo que es peor no se presentarán ya nunca, a esas escuelas, donde dieron lo mejor en aras de la enseñanza.

Su esposa a punto de dar a luz en unos días más, él ahora sin trabajo, con su espalda adolorida y llena de moretones, pues sirvió de “banquito” para que muchas personas pudieran escalar la barda y burlar el fuego. “Te vas ángel mío...” así iniciaba aquella canción que empezaron a interpretar los “mariachis” cuando empieza a bajar el ataúd que contienen los restos de aquella joven, que se dedicaba a “ponerle puntos” a las máquinas en aquel Centro de Diversiones ¿Cuántas historias y cuantos protagonistas más, hasta que llegue la tranquilidad perdida?

Pero así esta el mundo y éstas son Nuestras Cosas.

Hasta la próxima.

Garza Inocencio
Miembro de la Asociación de Escritores de Sabinas Hidalgo



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