Profr. Salvador Garza Inocencio

No se llama Beto, pero así le dicen. Tiene seis años, sus ojos vivarachos, su pelo muy corto, sus pies descalzos, su voz agradable y buena; a veces acompaña a su padre a las labores fuertes de la vida, su padre trabaja rudo, tal vez muy rudo y a cambio recibe un parco salario.

Profr. Salvador Garza InocencioNo se llama Beto, pero así le dicen. Tiene seis años, sus ojos vivarachos, su pelo muy corto, sus pies descalzos, su voz agradable y buena; a veces acompaña a su padre a las labores fuertes de la vida, su padre trabaja rudo, tal vez muy rudo y a cambio recibe un parco salario.

Era domingo y el dice Tláloc amenazaba al pueblo con una gran lluvia, que por cierto dejó caer sobre el lugar.

Aquel hombre, escarba, escarba y escarba sobre la madre tierra, su objetivo sacar un enorme tronco esa era su misión encomendada; sus herramientas: una barra y una pala, su condición económica no daba para más. Pero su voluntad era inquebrantable, a él y a su familia tal vez les faltaba todo, pero la voluntad de vivir y sacar adelante a los suyos era enorme, ese niño de seis años, hacía un año que había sido atropellado y a su cráneo le falta un pedazo y requiere de una placa, porque hoy es vulnerable en todo momento; Beto no asiste a la escuela, pues tal vez un golpe en su cabeza pueda ser fatal.

Hoy tal vez usted y yo no podamos hacer nada, pero quizás entre muchos se pueda hacer todo.

Pero así está el mundo y éstas son Nuestras Cosas.

Hasta la Próxima.

Garza Inocencio



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