Profr. Salvador Garza InocencioSu vida estuvo ligada enormemente a la buena voluntad y a la paciencia de una gran mujer que vivió allá en el cruzamiento de las calles de Mina y Matamoros.

Allí vivió por mucho tiempo una mujer que vestía de blanco, porque la “blancura” es la características de los ángeles y era ella un “ángel” que llevaba salud a muchos de los rincones del pueblo, llegando también a humildes viviendas de las rancherías aledañas.

Amén de llevar salud, ella protegió a mucha gente con sus servicios; con dinero o sin él, muchos sabinenses vieron la luz primera gracias a la habilidad y delicadeza de sus manos.

Ella lo protegió, lo consideró uno más de su familia; ¿qué podía faltarle que ella no se proporcionara? Él a veces desfilaba como civil abriendo el desfile con las autoridades municipales; otras veces desfilaba con la Comisión Nacional de Emergencia de Beto Baldazo; en otras ocasiones desfilaba con una impecable bata blanca con los trabajadores del I.M.S.S. o de la S.S.A.; también lo pudimos observar con un clarín en la mano al lado de la Banda de Guerra de la Escuela Normal “Pablo Livas” o con pistola y todo acompañando al Cuerpo de Seguridad Pública.

Doña Josefina con su filantropía y Henry con su simplicidad fueron grandes personajes de mi pueblo.

Pero así esta el mundo y estás son Nuestras Cosas.

Hasta la próxima.



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