Francisco J. EchazarretaMira ves aquellas par de puertas, una de ellas tiene la ventana abierta, vamos a asomarnos. No Poncho, se pueden enojar los dueños, nombre vente no seas gallina… mira siempre esta prendida una veladora, y en las noches siempre esta prendida una lámpara de gas para que alumbre el cuarto. Dicen que ahí vive un señor que está loco. Vente vamos a asomarnos. Tú me haces un banquito con las manos, así y me trepo para ver, luego yo te levanto para que tu mires… lo trepé y empezó a mirar, luego de un rato, órale sigues tu…

Un retrato grande de ovalo con vidrio curvo colgado en la pared, una pareja de novios enmarcaban el cuadro… el novio sentado y la bella novia parada a su lado,

La cama con un respaldo grande de latón brillante amarillo, bajo de ella una porcelana o bacinica..la veladora en un rincón con una imagen de la virgen de Guadalupe, sobre una mesa… Un hombre yacía sobre la cama, boca arriba, clamando clemencia…

Llama al doctor, estoy enfermo, te digo, háblale al doctor.

Su rostro lánguido, barbado. Pálido de un pálido muy marcado de esas veces que sientes que le falta tomar los rayos del sol a su piel blanquecina. Ya me canse te voy a bajar. Vamos a robarle a la señora… siempre se descuida, no Poncho eso si no, no lo voy a hacer. Bueno vamos a la casa. Donde andaban, este que quería ver al señor de la esquina ya está muy enfermo ya fueron a traer al doctor Martín para que lo vea, está casi desahuciado… mamá ellos no tienen hijos, no ella nunca pudo tener hijos… de jóvenes iban mucho a los bailes, a ellos le gustaba mucho bailar, pero luego él se enfermo de los nervios y así a estado por años. Ella lo atendido muy bien y lo atiende de lo mejor, pero no hay nada de mejoría… dicen que ya le hablaron al padre Pedro, para que le de sus santos oleos.

Murió al amanecer, ella se quedo sola, mojando las mejillas con lagrimas de su bello rostro… ya con arrugas, pero solo por corto tiempo, para después alcanzarlo. Las casonas de sillar donde vivían ya no está tampoco ya no existe, murieron con ellos. Solo están levantadas en los cerebros de la gente de principios del siglo veinte que la recordamos… este amor.

Un viejo amor

Alfonso y Herlinda… Herlinda y Alfonso



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