Profr. y Lic. Héctor Jaime Treviño Villarreal

La vida cotidiana actual está marcada por anuncios negativos para el grueso de la población: aumento de impuestos, violencia, incremento a las tarifas de los servicios públicos, lo mismo en los artículos de primera necesidad, los de uso forzoso, así como los suntuarios; la palabra crisis merodea cual fantasma sobre el sufrido pueblo, negros nubarrones de pesimismo se ciernen sobre el futuro de nuestro país.

Sin embargo, ante la insensibilidad de los funcionarios públicos, la denigrante tragicomedia representada por los diputados federales en Congreso, hoy convertido en circo de tres pistas, la inseguridad reinante en las grandes ciudades y la corrupción a todo lo máximo; la legión ciudadana inconforme rumia su coraje en tertulias familiares, de café o cantina vertiendo pestes contra quienes prometieron el "bienestar de la familia", en lugar de protestar en las calles, sólo da rienda suelta a su inquina en los medios de comunicación, principalmente en la carretera de la información –internet- a través de la redes sociales: facebook y Twitter.

Los sobrevivientes de las luchas populares de hace varias décadas, añoran el momento aquel, cuando se aumentaba unos cuantos centavos al precio del maíz o frijol, tal anuncio provocaba violentas manifestaciones callejeras, donde las tiendas y comercios del centro de Monterrey no salían bien librados, o al subir las tarifas camioneras en cinco ó diez centavos, aquello encendía la chispa de las protestas estudiantiles con saldo de varios autobuses incendiados.

No piense usted, estimado lector, que lo estoy incitando a la violencia, pero sí a reflexionar sobre la participación más activa, más comprometida, en defensa del poder adquisitivo del salario; ante el silencio, cabe de nuevo la reflexión: ¿el pueblo tiene el gobierno que se merece? A pesar de los sobresaltos en el aspecto económico, la vida continúa su marcha, lo material nos atosiga, pero tenemos que hallar el lado optimista, la cara amable de nuestra cotidianeidad, analizar los posibles elementos de recreación, diversión, goce espiritual, para no caer en la filosofía de los escépticos cuyas frases principales eran la de "abstente y soporta" y "estar en conformidad con la naturaleza"; en ese optimismo caben las celebraciones y las añoranzas.

Así, en este claroscuro de la existencia, hoy se agolpa en mi mente un caudal de recuerdos y agradecimiento al celebrarse el 65º. Aniversario de mi Alma Mater, la Escuela Normal "Pablo Livas", enclavada en Sabinas Hidalgo, N.L.; trece lustros de labores, de duros afanes, años y años de vencer obstáculos, de luchar contra la intolerancia e incomprensión, de labor fecunda en la formación de profesores, cuya acción irradia en buena parte del territorio nacional, ¡65 años de presencia señera en la educación!

La construcción de la Carretera Nacional en su tramo Monterrey-Laredo dio a la entonces Villa gran impulso económico, luego se fundó en 1934, la Escuela Secundaria Profr. Antonio Solís", obra que alentó la educación y cultura de los sabinenses; ya a fines de ese año, precisamente el 1 de noviembre, el filántropo y progresista agricultor e industrial don Manuel M. García sugería al Gobernador, Lic. Pablo Quiroga, la creación en Sabinas de una Escuela Normal Rural como la establecida en Galeana; días más tarde, en los corrillos de la Dirección de Educación se proponía su establecimiento en Villaldama, N.L., municipio "productor" de maestros".

Los avatares políticos generados por la educación seudosocialista impuesta desde el gobierno federal e impulsada por el Partido Nacional Revolucionario, el abuelo del actual PRI, dieron al traste con el deseo de contar con la Normal en la región; no fue sino hasta el año de 1948, cuando el Profr. Eugenio A. Solís Guadiana, maestro y líder progresista, convocó, en noviembre de ese año, a un grupo de profesores para discutir la posibilidad de su creación.

A mitad de la centuria la mayoría de las escuelas mexicanas contaba con profesores empíricos, su función la realizaban con pasión y cariño, pero redoblaban esfuerzos por la carencia del herramental básico en el aspecto didáctico-pedagógico; de ahí la visión del maestro Eugenio, secundada por mentores como Daniel Guadiana Ibarra, Francisco J. Montemayor, Jorge Mascareñas Valadez, Ma. Elva Solís y otros más para constituir la Escuela Normal, que se denominó Profr. Pablo Livas en honor a este insigne maestro cuyas ideas pedagógicas no han tenido parangón en la historia de la educación del Estado.

Con el apoyo del alcalde Carlos Solís, del diputado local Guadalupe Morales Mireles y sobre todo del Oficial Mayor del gobierno estatal, el también sabinense Profr. Miguel Guadiana Ibarra, la idea cristalizó y tres años después graduó a nueve profesores. En seis décadas y media ha tenido seis directores: Eugenio A. Solís Guadiana, Víctor Alejandro Méndez, Javier Arturo Solís Montemayor, Santiago A. Vara Jiménez, Juan Guillermo Ibarra Castellanos y el actual Profr. Gustavo García Ríos.

El Profr. Eugenio no fue mi maestro en el trienio 1964-1967, pero la huella de su paso era continua referencia, sin embargo, fue mi catedrático de Sociología en el curso de verano de 1967, en la Escuela Normal Superior, ahí conocí la dimensión social, su compromiso con las causas populares y con las ideas de la época de turbulencia estudiantil; Víctor Alejandro Méndez nos soportó con espartana paciencia los devaneos del romanticismo revolucionario de izquierda, luego continuó en la brega magisterial con 68 años consecutivos de servicio en el magisterio.

Con Arturo Solís me une el agradecimiento, la guía e inspiración por mi especialidad, el amigo, el hombre sabio quien me llevó a querer y envolverme en los vericuetos del estudio de la Historia; Santiago Vara Jiménez, mi hermano y compañero en los avatares estudiantiles, en los quehaceres archivísticos, de la crónica y la historia; con Juan Guillermo Ibarra la vecindad del barrio.

Gustavo García Ríos ha sabido llevar con mano firme el timón de la nave normalista sabinense, cumpliendo con eficacia y excelencia la misión y visión de una Escuela Normal actual, moderna, equipándola con infraestructura tecnológica y ampliando los espacios físicos para la forja y el mejor desenvolvimiento del estudiantado; lo anterior aunado al impulso de las actividades culturales en cuya institución el Consejo de Historia y Cultura de Sabinas Hidalgo, N. L. y otras asociaciones hemos encontrado fuerte apoyo y solidaridad, amén de su amistad y compañerismo.

Recordar a maestros como Oliverio Tijerina Torres, quien nos forjó en el camino de las buenas lecturas, la incansable actividad creativa de Abiel H. Mascareñas Valadez, los consejos casi maternales de Elva Solís, el dinamismo de Dante Perrone Hernández, el amor al deporte de Benito López Valadez, la actitud perfeccionista de Ramiro Muñoz, la seriedad de Ovidio González, la camaradería de Bladimiro Morales, el gusto artístico de Gilberto Guzmán Santana y los afanes de Rosa Elia Elizondo y Rosa Norma Morton.

Capítulo aparte, muy especial merecen mis compañeros, aguerridos, rebeldes en las correrías como escolapios, pero con nivel de excelencia en su acción magisterial y en otros campos.

Por lo expuesto anteriormente y por muchas otras razones, le deseo: ¡Larga vida a la Escuela Normal "Pablo Livas"!

Héctor Jaime Treviño Villarreal



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