Lic. Santiago Antonio Vara PerroneHace semanas, en una reunión de profesores a la que asistí, surgió por parte de un apreciado director de escuela el comentario siguiente: -Me gustaría mucho poder colocar en el frente del edificio de mi escuela un letrero que dijera: Sólo es una escuela.” Quienes lo escuchábamos éramos maestros con más de 10 años de antigüedad y con risa y algo de tristeza entendimos muy bien su irónico mensaje.

Cualquier maestro estará de acuerdo en que nuestro diario trabajo dista mucho de reducirse a simplemente cumplir con el programa educativo.

Las actividades extracurriculares, culturales, deportivas, de salud, cívicas, artísticas y demás provocan que muchos compañeros maestros, en cierto momento de su jornada laboral se detengan y digan: ¡un momento, yo solo soy maestro!

Los maestros, y principalmente los de educación básica, nos vemos obligados a desempeñar múltiples roles inclusive algunos para los cuales no fuimos capacitados y muchas veces tenemos que apoyarnos tan sólo en el sentido común y en una intensa dosis de responsabilidad y optimismo.

En no pocas ocasiones somos educadores, pero además, psicólogos, enfermeros, bailarines, entrenadores, músicos, economistas, paramédicos, contadores, trabajadores sociales, consejeros matrimoniales, orientadores vocacionales, agrónomos, policías, referís, pintores, albañiles, jueces, abogados y, hasta paño de lágrimas de la familia de nuestros alumnos.

Muchas veces la sociedad no se percata de la carga de responsabilidad “honorífica” que pone sobre los hombros de los mal pagados maestros. La mayoría de los padres y madres de familia no se imaginan la frecuencia con la que el maestro o maestra de sus hijos se lamenta y piensa: “Me gustaría simplemente tener el tiempo para enseñar”.

Sin embargo uno no debe conformarse nunca con sólo ser maestro. Es mucho lo que está en juego y en nuestras manos se ha colocado una enorme responsabilidad.

La misma sociedad que nos inunda de actividades y nos exige indirectamente ser un “sabelotodo”, está esperando un pequeño error o falta de concentración de la escuela para embestir a nuestros alumnos con mensajes de antivalores, de consumismo y de violencia.

Las escuelas y principalmente los maestros tenemos la responsabilidad de ser la frontera entre el ser y el deber ser aparte de toda la serie de responsabilidades antes expuestas.

En medio del marasmo y la confusión en la que navegan nuestros hijos y alumnos, los maestros debemos ser el personaje social que mantenga firmes sus valores y se establezca como guía a seguir.

A lo largo de los años, los buenos maestros no han eludido la enorme cantidad de actividades en las que deben desempeñarse a costa de una injusta paga, sin embargo siempre será importante decirle a un buen maestro lo importante que es; siempre será importante reconocer en los buenos maestros a esos hombres y mujeres que tienen la increíble habilidad de multiplicarse y convertirse desde matemáticos o historiadores, hasta padres o madres sustitutos.

En este día del maestro es necesario reconocer, aplaudir y apoyar a todos aquellos maestros que en las aulas y fuera de ellas se multiplican y ayudan, defienden, dialogan, juegan, deciden, dibujan, programan, arbitran, debaten, consuelan, aconsejan, abogan, administran, cantan, dirigen escoltas, bailan, construyen, impulsan, entrenan equipos, curan raspones, diseñan, cuentan, escriben artículos, cultivan, barren, pintan, organizan bailes y loterías, gritan, ríen, lloran, leen, orientan, revisan, regalan, aconsejan, regañan, …. y, además de todo eso, también enseñan.

A todos mis compañeros: ¡Feliz día del maestro!



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