Lic. Santiago Antonio Vara PerroneEn el año 2003 un grupo de intelectuales convocados por la revista Nexos y encabezados por Gilberto Guevara Niebla reeditan en el “Fondo de Cultura Económica” un libro titulado “La Catástrofe Silenciosa”. Su finalidad era reportar de una manera global el estado de la educación en México y anticipar los desafíos a los que se enfrentaba un recientemente modernizado Sistema Educativo Nacional. Si bien la obra es por demás interesante y se presta a un detenido desglose, en esta ocasión quiero hacer referencia al título de la misma. El hablar de una “Catástrofe Silenciosa” en educación nos ilustra sobremanera la realidad cotidiana de nuestras aulas.

Lejos del oropel de los discursos de nuestras autoridades políticas y educativas y lejos también de las catastróficas sentencias de quienes basan sus triunfos en el fracaso de los sistemas; la verdad es que nuestra educación y la manera en que trabajamos en ella necesita ser  cuidadosamente estudiada y evaluada.

La “Catástrofe Silenciosa” de la que nos habla este libro no es otra que la manifestación de una baja calidad educativa, además del cambio de los valores familiares, culturales y sociales; en pocas palabras: el anteponer la cultura del “menor esfuerzo” a la cultura del trabajo y el deber cumplido.

Como sociedad mexicana padecemos constantemente de presiones externas. La sociedad de nuestro país se encuentra bombardeada siempre por elementos extranjerizantes que cambian nuestros intereses y establecen otros significados a nuestros anhelos y sueños.

La educación, y particularmente la escuela, no puede ser la única defensa de nuestra sociedad ante esta transculturación; es necesario compartir la conciencia de estar al borde de una catástrofe que silenciosamente amenaza con devaluar los valores y las bases de nuestras familias y nuestra sociedad.

Los maestros debemos estar muy atentos a no dejar que se pierda poco a poco la calidad  de nuestro trabajo y la calidad del alumno que entregamos a la sociedad mexicana. Sin embargo el esfuerzo debe ser compartido y las familias deben estar concientes de la importancia de educar con base en los valores humanos y sociales firmes y duraderos. Por otra parte, nuestras autoridades de todos los niveles deben dejar de lado la momentánea ambición política y pensar que lejos de tener en sus manos la posibilidad de escalar un peldaño más en los puestos administrativos tienen bajo su responsabilidad la oportunidad de lograr que las generaciones de mexicanos y en nuestro caso sabinenses trasciendan a este momento histórico en el que vivimos.

Entre los pedagogos hay una expresión que dice: “Con la educación no se puede lograr todo, pero sin la educación nada podemos lograr.

Es hora de darle su lugar a la educación de nuestros hijos y evitar esa “Catástrofe Silenciosa”



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