Ya es hora de cambiar, ya es hora de despertar, ya es hora, insisto, de regresar a la tranquilidad para ser felices.

Ya es hora de trasformar las cosas, de encaminarlas a donde rija el amor, no al odio enfermizo y menos a lo obscurito, escondite de intereses mezquinos, sino a la luz que sensibiliza a todos.

Ya es hora de abrir la mente y escuchar diversas opiniones, sin importar la edad, sexo, posición económica, oficio o profesión; la idea es salir de la burbuja, de escapar de la sobre protección de la casa, de la turba de aduladores o ambas, según el caso.

Ya es hora de ampliar el criterio para lograr la humildad, que nunca ha sido pobreza económica o flaqueza, sino grandeza espiritual cargada de valores, entre ellos el más requerido por el momento: Solidaridad.

Ya es hora de desechar la egolatría, de perder el miedo al cambio de actitud; el miedo de aprender algo diferente, de salir de la coraza y practicar la empatía.

Ya es hora de expresarse libremente como lo promulga el sexto y séptimo artículo de nuestra Carta Magna; ya es hora de enfrentarnos a la realidad.

Ya es hora de perder el miedo a la soledad, al ejercicio más hermoso del mundo, sino pregunténselo a un montañista, pescador, cazador o escritor amante de reflexionar sus pensamientos y plasmarlos para la posteridad.

Ya es hora de explorar diferentes corrientes ideológicas, si con ello no perdemos nada y si aprendemos mucho, no se vale ser tan cerrado y radical en estos tiempos de apertura y transparencia.

Ya es hora de conocer lo que piensan las demás personas, a lo mejor nos regresamos a lo nuestro con el intelecto más enriquecido

Ya es hora de perder el miedo a amar, de abandonar la sonrisa fingida, estéril, de actor de tercera o cuarta linea que no convence ni beneficia a nadie.

Ya es hora de perder el miedo al que dirán; a represalias solo en la mente de gente de muy escaso cacumen y por ende de muy bajos instintos, ya es hora de perder el miedo inclusive a la muerte para empezar a vivir plenamente.

Ya es hora de cortarle al comentario y pasar a desearle a todos en general unas alegres y tranquilas fiestas navideñas: Que la paz regrese como característica nuestra.


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