En éste 2013, el Seminario Arquidiocesano de Monterrey cumple 220 años de formar a los pastores y laicos que sirven a la Iglesia regiomontana. Su presencia y alcances también trascienden a través de quienes se han formado en su seno y figuran en la cultura, la política, la historia y la sociedad regional como nacional. Los años trascurren… y con ellos la historia. Todos ellos, ya sea en el sacerdocio o como laicos, por donde han pasado marcaron una huella e imprimieron una historia al servicio del pueblo de Dios y de sus semejantes. Y en aniversarios gloriosos nuestra mente regresa hacia atrás para actualizar el pasado en presente.

¿Qué es un Seminario? La palabra viene de semilla y en consecuencia es donde se siembra una inquietud o una intención. Incluso puede ser una técnica de aprendizaje grupal en la cual los participantes inician o descubren un proyecto. Como institución formadora de sacerdotes, sus inicios se ubican después de la Reforma luterana. En el concilio de Trento (1545-1564) se dispuso que en toda iglesia y diócesis, se “alimente y eduque a formar en la disciplina eclesiástica a algunos niños de la ciudad o diócesis en un colegio que el obispo elija para ésta finalidad”. Como se advierte, los padres conciliares determinaron educar a los miembros de la Iglesia para fortalecerlos en la fe y en la piedad cristiana. Entonces los seminarios surgieron como centros de formación humana y religiosa para preparar a los pastores de la Iglesia.

El Seminario de Monterrey es la consecuencia del establecimiento de la diócesis del Nuevo Reino de León cuya sede original quedó en Linares, Nuevo León. Nació el 19 de diciembre de 1792 por decreto del tercer obispo, don Andrés Ambrosio de Llanos y Valdés. Su nacimiento se sustentó en tres bases jurídicas: al amparo de la curia romana, según lo mandado por el concilio de Trento; la real, debido al Regio Patronato Indiano y la diocesana ratificada por el 111 Concilio Mexicano. Las cátedras se abrieron hasta el 12 de febrero de 1793 con apenas diez alumnos. A los pocos días el número de alumnos inscritos llegó a 50. En la misa celebrada por el señor obispo en la capilla del colegio ubicado en la esquina de Ocampo y Doctor Coss, acudieron tanto el gobernador del Nuevo Reino de León como las autoridades civiles y militares. Quedó como primer rector el padre Domingo de Ugarte y Burgoa.

El 13 de octubre de 1823 por acuerdo del congreso de la república, autorizaron a todos los colegios seminarios para incluir un programa de estudios de derecho civil. Entonces abrieron la cátedra de derecho al cuidado de Alejandro Treviño y Gutiérrez. Cuando ocurrió la invasión norteamericana, los alumnos del Seminario se aprestaron para defender a la ciudad de Monterrey en septiembre de 1846. A ellos se les debe considerar los “Niños Héroes de Monterrey”. Siendo obispo Francisco de Paula y Verea se presentaron las primeras dificultades debido a la promulgación de las leyes de Reforma en 1857; por lo que debe retirarse de su diócesis y durante su permanencia en la ciudad de México, el rector recibió amenazas para cerrar la institución. Es cuando Santiago Vidaurri decretó la creación del colegio civil el 4 de noviembre de 1857. Le llamaron colegio civil para diferenciarlo del colegio seminario de Monterrey y la escuela de derecho se separó del Seminario para dar origen a la actual facultad de Derecho y Criminología de la UANL.

Aun a pesar de las leyes liberales, el Seminario continúa formando a los pastores de la Iglesia del noreste mexicano como a los hombres que ingresaban al plantel. En 1862 tropas liberales invadieron al Seminario y quemaron el archivo como la biblioteca. En abril de 1864 nació en Monterrey el hijo del Lic. Benito Juárez y algunos alumnos del Seminario fueron invitados como padrinos. En señal de agradecimiento Juárez se comprometió a conservar y apoyar la labor educativa del Seminario y el benemérito elogió su labor en beneficio no solo de la Iglesia sino de la sociedad en general. Todas las tardes acudía a merendar con los alumnos y formadores de plantel. Lamentablemente a la salida de Juárez, el Seminario fue intervenido y de acuerdo a algunos historiadores trasladaron la sede hacia Saltillo en donde permaneció por espacio de dos años. Durante mucho tiempo el Seminario se mantuvo gracias a las contribuciones de las parroquias como de algunos fieles comprometidos con su Iglesia. La casa de formación religiosa siguió formando a los pastores y laicos de la grey que vivían en los tres estados del noreste. Para 1864 el Seminario estaba en la manzana comprendida dentro de las calles de Hidalgo, Bravo, Bolívar y 20 de Noviembre. Al dejar el inmueble se hizo una colonia a la que llamaron Ex Seminario. Estas instalaciones eran perfectas para la enseñanza; tenía su biblioteca, laboratorios de física y química y hasta un potente telescopio. El primer arzobispo Jacinto López Romo, decidió traer becados a jóvenes de otras partes de la república para formarse en el Seminario ante la escasez de sacerdotes y vocaciones locales. Durante la revolución, el Seminario fue intervenido por los carrancistas. Los 30 alumnos salieron a sus casas para esperar la reapertura de los cursos y muchos seminarios mandaron alumnos a Castroville, Texas para continuar con su formación.

A partir de 1917 el seminario estableció su residencia en la actual basílica de nuestra señora del Roble, bajo la guía de los padres Juan José Hinojosa, Pablo Cervantes Perusquía (quienes tienen abierta una causa de beatificación y ahora son siervos de Dios) y Fortino Gómez. Siendo arzobispo Juan de Jesús Herrera y Piña, consiguió becas para enviar alumnos a estudiar al colegio Pio Latinoamericano de Roma. Gracias a sus gestiones, el 28 de abril de 1925 la Santa Sede aceptó el envío de los restos de San Teófimo mártir que se convierte en el santo patrono del Seminario. Entre 1926 y 1928 el Seminario debió cerrar las puertas debido a la llamada guerra cristera y otro grupo de seminaristas residió en la casa del señor arzobispo Herrera y Piña. En éste periodo vivieron en algunas casas prestadas por el barrio de la Purísima. En 1930 nombran rector al padre Fortino Gómez León, quien recibe la notificación de parte de la secretaría de Gobernación en 1941 para que el Seminario opere con normalidad.

Durante los festejos del 150 aniversario de la fundación del Seminario en 1943, nombraron al entonces padre rector como arzobispo de Oaxaca. En 1935 pasaron al anexo del templo de San Luis Gonzaga. Posteriormente, se trasladaron por un breve lapso de tiempo a catorce domicilios, para regresar en 1941 a San Luis Gonzaga antes de reubicarse al municipio de San Pedro Garza García el 19 de diciembre de 1959, donde residió el seminario tanto el mayor como el menor hasta 1995. Considerada como “la pupila de sus ojos”, obra y diseño del señor arzobispo Alfonso Espino y Silva. El padre Juvencio González fue nombrado rector de 1954 a 1972. Le siguió el padre Ernesto Chazalón de 1972 a 1982. Continuaron el padre Miguel Angel Alba Díaz, Gustavo Rodríguez Vega y Juan Carlos Castillo. Cuando llegó el padre Francisco Robles Ortega como arzobispo, puso como vicerrector al padre Gerardo Cárdenas y en éste 2013 el actual arzobispo Rogelio Cabrera nombró como rector al padre Hilario González.

En 1983 se trasladó la experiencia del Curso Introductorio a una casa propia en Allende, Nuevo León. Desde 1978 la estancia se hacía en la casa llamada de Lourdes en Saltillo. Doce años después, en 1995, el Seminario Mayor se trasladó a ciudad Benito Juárez, N.L. Actualmente el Seminario Menor permanece en San Pedro al igual que el Curso Introductorio permanece en el municipio de Allende, N.L.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina



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