Lo que ahora es la colonia Fuentes del Valle en el municipio de San Pedro Garza García, tiene su origen en una porción de las tierras originales pertenecientes a Miguel de Montemayor y su esposa Mónica Rodríguez quienes poblaron la hacienda de Los Nogales en 1624. Doña Mónica al morir en 1681 dispuso dividir en diez partes de extensión territorial de la hacienda: ocho para sus herederos y herederas y las dos sobrantes, una para su hijo Diego y la restante para ella mientras viviera. Cuando ella faltase, la “décima” parte pasaría a sus hijos Francisco y Mateo, siempre y cuando se comprometieran a decirle tres misas al año en beneficio del descanso eterno de su alma.

Finalmente Diego Rodríguez de Montemayor se quedó con la “décima” parte. Estuvo casado con Inés de la Garza, quien al morir su esposo en 1673, la vendió en cien pesos al alférez real Bartolomé González de Quintanilla. Tierras muy ricas y buenas para la agricultura, con agua propia, un solar y una casa, además de un molino para fundir metales. En 1711 las tierras fueron vendidas por la misma cantidad al sargento Bernabé de Murguía. En 1729 se las vendió al sargento José Lorenzo de Hoyos y Solar en 175 pesos. Un nieto de nombre Francisco Ortiz de Oteo heredó la finca que luego traspasó a José Joaquín de Mier y Noriega. Este se la dejó a su hijo Froilán. En todas las transacciones se señala que la propiedad era la “décima” parte de la hacienda de los Nogales y en consecuencia, a la hacienda se le conoció como la Décima.

La hacienda de los Nogales se fue dividiendo con otros pobladores. La Décima junto con las demás haciendas y ranchos pertenecientes a los descendientes de los Rodríguez de Montemayor y a los Arizpe y los Ayala que se fueron quedando con otras porciones de Los Nogales; producía suficiente maíz, frijol y piloncillo de muy buena calidad. A través de documentos de la época colonial, vemos que los vecinos de la hacienda de San Pedro de los Nogales (como se le conoció a partir de principios del siglo XVIII), siempre reclamó como suyas, las tierras situadas entre la Sierra Madre al sur y la Loma Larga y luego el río Santa Catarina al norte. Y la Décima limitaba al sur en donde la Loma Larga toca al río Santa Catarina; desde el lugar conocido como Los Puertecitos, situado a la altura de lo que hoy está la escultura de la Diana Cazadora hasta casi en los linderos con San Jerónimo. Al norte colindaba con el rancho de Carrizalejo, cuyo centro poblacional estaba en lo que actualmente es la plaza de Fátima. Entre 1720 y 1820, San Pedro Los Nogales y Santa Catarina formaron un valle, como categoría política gobernado por un alcalde mayor.

La Décima fue testigo del paso del ejército invasor que se apoderó del fortín de la Federación que los mexicanos dejaron en Los Puertecitos. Para este tiempo, la Décima pertenecía a Rafael García Garza. Al crearse la municipalidad de Garza García en 1882, dentro de su jurisdicción quedaron seis haciendas y dos ranchos: la de Montes, Arizpes, Ayalas, la Capellanía, la Décima y Barreras y como ranchos San Agustín y Carrizalejo además de los molinos Jesús María y la Leona.

El 17 de mayo d 1888, las hijas de don Rafael García: María del Refugio, Pomposa y Guadalupe en representación del esposo de la primera, don Antonio L. Rodríguez; vendieron en 3,500 pesos la Décima con su agua y tierras de agostadero al general Pedro Martínez. En el contrato de compraventa se sitúa a la hacienda colindante al norte con las vertientes del río Santa Catarina, al poniente con la labor de doña Cenobia de Luna, viuda de Antonio Ayala, vecinos de Santa Catarina, al sur con varias labores y al oriente con las tierras de don Diego Saldívar, situadas en donde actualmente está la colonia Santa Engracia.

El general Pedro Martínez González falleció en Monterrey el 16 de noviembre de 1891 y sus herederos vendieron La Décima en 1893 a Jesús González Treviño en seis mil pesos. El general había nacido en Galeana, Nuevo León en 1836, hijo de Leandro Martínez y Josefa González. Estuvo a las órdenes de Silvestre Aramberri y Mariano Escobedo, participando activamente en campañas durante la Reforma y el imperio de Maximiliano. Por su intervención en el sitio de Querétaro fue nombrado general, luego se rebeló contra el presidente Benito Juárez y se retiró para atender negocios particulares. Al aceptar el indulto, fue jefe militar de la gendarmería fiscal a partir de 1875.

A mediados del siglo XX la Décima quedó en poder del empresario Jaime F. Garza que urbanizó los terrenos para convertirlos en la colonia Fuentes del Valle. El 23 de diciembre de 1943, los hermanos Manuel, Ignacio y Alberto Santos constituyeron en Monterrey una urbanizadora a la que llamaron Fraccionamientos San Pedro S.A. para casas en una buena cantidad de terrenos del municipio. Así se originó la colonia del Valle cuyo eje principal lo constituyen dos avenidas: la del Valle de oriente a poniente y la de San Pedro de norte a sur y las calles recibieron nombres de ríos. El puente fue inaugurado el 2 de marzo de 1947. Para ello acordaron con la esposa de don Jaime Garza, la señora Yolanda Salinas mediante contrato del 18 de septiembre de 1944, para dejar un tramo libre como derecho de paso entre San Jerónimo y la nueva colonia. Para ello construyeron el puente Miravalle, que unió a Garza García con Monterrey. Ahí se menciona que la colonia del Valle mantenía una extensión de poco menos de 5 millones de metros cuadrados y los de la Décima abarcaban casi un millón y medio metros cuadrados. La Décima se convirtió en la colonia Fuentes del Valle, urbanizándose a partir de la década de 1960. Sus calles tienen nombres italianos y el principal distintivo de la colonia era el David que fue inaugurado en 1967 durante la administración municipal de la señora Norma Villarreal de Zambrano. Esta escultura fue realizada en cemento blanco por Guillermo Castaño. Existe el rumor de quelas calles tienen nombres italianos como Vía Savotino, Via Sacra y demás; porque al parecer el señor Garza estaba convencido de que él en una vida pasada había trabajaba para la familia Medicis. Por eso pusieron una réplica del David a la entrada de la colonia.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina  



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