La catedral es un templo donde tiene su sede o la cátedra el obispo. Se le considera el templo principal de la diócesis o de cada iglesia particular. Es el lugar desde donde el obispo como pastor preside la comunidad a su cargo, enseñando la vida de fe y la doctrina de la Iglesia. A lo largo de la historia, las catedrales surgieron como una nueva construcción o como evolución de una iglesia monacal elevada al estatus de sede del obispo al igual que del cabildo eclesiástico. Regularmente se asocia la palabra catedral a un carácter monumental sobresaliendo del resto de los templos por lo grandioso y las amplias dimensiones que tiene.

Cuando Constantino quedó como emperador, la Iglesia católica de ser perseguida se convirtió en la religión del poder. En consecuencia se vio obligada a estructurar una jerarquía más formal de la establecida hasta entonces. En el siglo VI aparecieron los primeros obispos con ese nombre en las cinco diócesis de la cristiandad: Roma, Antioquía, Alejandría, Jerusalén y Constantinopla. Obispo es una traducción del griego “episkopos”, palabra formada con el prefijo “epi” con la cual se designa a lo que está sobre o encima de algo y “skopos” relacionado con ver, mirar o inspeccionar. En consecuencia, el obispo es un inspector que está por encima y en una posición privilegiada. De la palabra viene telescopio, microscopio, oftalmoscopio entre otras más. Con el crecimiento de la Iglesia, algunos obispos asumieron posiciones más altas. Ellos fueron llamados los “arkhiepiskopos”, algo así como los jefes de los obispos. En latín medieval quedó en archiepiscopus y al castellano como arzobispo. Arkhi, derivado de “arkhein”, cuyo significado tiene que ver con el primero, el superior; también está presente en numerosos vocablos españoles, como archipiélago, archiduque, arquitecto, monarquía, oligarquía, anarquía y también en arquidiócesis como jurisdicción territorial y pastoral del arzobispo.

En este 2013, la catedral, sede del arzobispado de Monterrey cumple 180 años. Como templo tiene sus orígenes en la llamada Iglesia Mayor o templo parroquial. Cuando llegaron los primeros pobladores a Monterrey en 1596, destinaron un lugar para la construcción de la iglesia mayor. Seguramente su hechura fue muy sencilla y susceptible a la destrucción. En 1611 llovió tanto que destruyó a la primitiva ciudad y se buscó un lugar más seguro y menos riesgoso. La traza de la nueva ciudad a partir de 1612 comprendía un lugar para la iglesia mayor, otro para la plaza de armas y las casas consistoriales. El templo de la nueva ciudad comenzó a construirse en 1626 con la autorización del obispo de Guadalajara. La hechura se hizo gracias a pobladores como Miguel de Montemayor, Pedro de Romero, Martín de Zavala y León de Alza. Para 1638 quedaron cerradas algunas bóvedas de la única nave que tenía y la obra del retablo para 1643 aun estaba en construcción. En 1673 el templo estaba en condiciones normales para el culto. No obstante para 1681 el templo otra vez se hallaba en malas condiciones, no obstante los fieles eran devotos de San Miguel Arcángel.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina



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