El municipio de Sierra Mojada, situado al extremo occidental del estado de Coahuila, fue un enclave minero que se benefició con la producción argentífera a partir del último tercio del siglo XIX. Es el escenario en donde se forjó una leyenda a través de un corrido cuya autoría se debe a Felipe Valdés Leal. Este corrido se llama Los Pavorreales pero es más conocido como el de Lucio Vázquez. El maestro Arturo Berrueto González lo considera un personaje popular del estado de Coahuila, víctima de una emboscada a causa de un problema de amores. Lucio Vázquez existió como lo atestigua su tumba en el panteón de Sierra Mojada. Dicha tragedia la sitúan entre 1894 y 1896. No se sabe su lugar de origen dónde, probablemente trabajaba en alguna mina. Pretendió a una joven guapa y aristócrata, despertando los celos en otro enamorado quien pagó a unos asesinos a sueldo conocidos como los Pavos Reales, procedentes de San Luis Potosí, para que lo mataran.

Existen dos versiones en torno al corrido interpretado por diversos y variados cantantes; desde Antonio Aguilar o Miguel Aceves Mejía y hasta el Charro Avitia. La primera estrofa canta: “Volaron los pavorreales, rumbo a la Sierra Mojada, mataron a Lucio Vázquez, por una mujer que amaba”. De acuerdo a historiadores locales, los Pavorreales eran una banda de ladrones y asesinos a sueldo, contratados por Juan Sánchez, quien tenía pendencia con Lucio Vázquez a causa de un triángulo amoroso. Sierra Mojada fue fundada en mayo de 1879 como consecuencia del descubrimiento de un rico yacimiento de plata por parte de Néstor Arreola. Al mineral pronto llegaron gambusinos, mineros, compañías de contratación, comerciantes, políticos y hasta una vía de ferrocarril que lo unía con Monclova, Coahuila. Se llama Sierra Mojada porque está en un valle delimitado por una imponente montaña que da la impresión de estar siempre húmeda, debido a la composición mineral que le da color, destacando en el ambiente desértico que la rodea.

Felipe Valdés Leal da cuenta como Lucio llegó una noche a su casa: “A las 11 de la noche, estaba Lucio cenando, llegaron unos amigos, para invitarlo a un fandango”. Sus padres tuvieron un mal presentimiento: “Su madre se lo decía me lo avisa el corazón, hijo no vayas al baile, cuídate de una traición”. Hay otra versión que cambia la hora de la funesta invitación: fue a las 10 de la noche e incluye el parecer del padre: “Su madre se lo decía, su padre con mayor razón, hijo no vayas al baile”. Como hijo desobediente y tal vez movido por la posibilidad de ver a su amada, Lucio les contesta: “No llores madre querida, que me atormenta tu llanto, voy a bailar con la joven, que sabes que adoro tanto”.

La falta de una buena infraestructura en comunicaciones siempre ha estado presente en todo el desierto de Coahuila que se halla en el Bolsón de Mapimí. Hay carretera de Sierra Mojada a Torreón y antes se podía llegar en un tren que salía de Frontera a Cuatro Ciénegas, Ocampo y Sierra Mojada. Incluso se sabe que en el siglo XIX se introdujeron camellos para usarlos como trasporte de mercancías entre Cuatro Ciénegas y Camargo, Chihuahua. Hay caminos de terracería que unen a las principales poblaciones de Sierra Mojada como lo son la cabecera del mismo nombre, La Esmeralda, Química del Rey y Hércules. Por eso en su tiempo, Lucio y sus amigos que lo sonsacaron sin medir las consecuencias: “Montaron en sus caballos, rumbo a la Sierra Mojada, donde se hallaba la joven, que Lucio tanto adoraba. Cuando llegaron al baile Lucio no quiso tomar, uno le invita una copa, otro le clava un puñal”. En la estrofa de la otra versión se señala lo siguiente: “Cuando llegaron al baile, ya su rival lo esperaba, le ofrecieron una copa, Lucio no quiso aceptar, se hicieron de palabras para salirse a pelear”.

En la primera versión, dice que lo apuñalaron mientras se negaba a tomar: “Le dieron las puñaladas, de la espalda al corazón, como le dijo su madre, lo mataron a traición”. En la otra versión del corrido precisa que fueron tres puñaladas que cegaron la vida del intrépido Vázquez a quien: “Luego que ya lo mataron, le echaron boca en la tierra, no es lo mismo ver morir como cuando uno le toca”. La tierra tiene varios y múltiples sentidos oníricos, pues para los intérpretes de los sueños de origen árabe, la tierra constituye uno de los principales elementos de la vida. Probar un puñado de tierra es disfrutar de sus productos. Cuando echaron tierra en la boca de Lucio puede tener varios significados: en primera instancia, destruir o malograr una cosa. En este caso la vida de Lucio Vázquez. También cuando alguien echa tierra, lo hace con la intención de ocultar o de disimular un asunto del que no interesa que se hable. Con la muerte de Lucio todo se acabó y hay de aquel que quiera difundir o hablar del asesinato. La tierra en la boca era una señal: la muerte te tocó porque tú la provocaste. También se pone tierra de por medio para irse o alejarse de una persona o de un lugar. Para hacerle mal a alguien se le echa tierra preferentemente negra o “de panteón” en la entrada de una casa. Pedimos que la tierra nos trague cuando se siente vergüenza de algún hecho o para desaparecer de un lugar o de una situación y no enfrentarse a ella sin dejar señal alguna.

Para el otro corrido acerca del mismo personaje, Lucio no murió al instante, pues todavía tuvo la esperanza de encomendarse a la virgen del Tepeyac: “Madre mía de Guadalupe de la villa de Jerez, dame licencia señora, de levantarme otra vez”. Efectivamente en Jerez, Zacatecas hay un templo y una ermita dedicada a la guadalupana. Tal vez el corrido haga mención a la imagen existente en la ermita fundada en 1562 por un religioso de nombre Gregorio López quien la construyó en las márgenes de un río. Gradualmente se instalaron casas alrededor de la ermita, hasta que cayó una fuerte tromba que la destruyó, por lo que la imagen de la virgen de Guadalupe fue llevada a Jerez en donde permaneció hasta 1900 en que fue bendecido el templo donde se encuentra actualmente.

Regularmente se piensa que los pavorreales, al igual que las gallinas y los gallos no vuelan. No obstante se les puede ver por encima de los árboles o lugares altos. En el Bolsón de Mapimí, Felipe Valdés Leal, nacido en Saltillo en 1899, alumno distinguido del Ateneo Fuente, quien desde muy joven empezó a trabajar para el gobierno de Coahuila y en 1923 se mudó a Los Ángeles, California para trabajar en una tienda de discos. Allá compuso su primera canción, “Échale un Quinto al Piano”, y luego el corrido de “Lucio Vázquez”, también conocido como “Los Pavos Reales”, el cual se popularizó rápidamente entre los mexicanos, chicanos y pochos. También es el autor del corrido de Rosita Alvírez y de muchos éxitos más. En 1943 Felipe Valdés Leal se estableció en la ciudad de México y en 1947 fue llamado por Discos CBS de México para dirigir el elenco artístico. Permaneció ahí durante 25 años. A partir de 1974 residió en Cuernavaca, Morelos, donde vivió hasta el 17 de agosto de 1988. Gracias a don Felipe, sabemos que: “Volaron los pavorreales, rumbo a la Sierra Mojada, mataron a Lucio Vázquez, por una mujer que amaba”.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina



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