El 16 de marzo de 1924, veinte ladrones al mando de Ricardo Gómez, Santiago Torres y Nicanor Ibarra, robaron un tren en Rinconada. Quienes conocieron a Ricardo Gómez lo hacen originario de Tamaulipas. Sirvió como juez de la acordada en Garza García y por esa razón le apodaban el coronel. Durante un tiempo vivió con mamá en la Fama. Años después fijó su residencia en el Pajonal en dónde vivía con su esposa Clara Torres, hija de don Agustín Torres. Supuestamente recibían información de un ilustre militar nuevoleonés quien les avisó del tren estacionado en Rinconada, el cual llevaba una cantidad considerable de barras de oro y dinero. Los asaltantes cortaron las comunicaciones, amenazaron con sus rifles a quienes cuidaban el cargamento y huyeron con el botín hacia el cañón de la Escaleras y de ahí hasta el poblado de Canoas en donde ocultaron la cantidad en una cueva cercana al cementerio del lugar. Los bandoleros regresaron a sus hogares esperando órdenes de aquellos que los patrocinaban. Días después Santiago Torres fue a pedirle la mitad de lo robado para mandarlo a Monterrey, cosa que no le gustó a Ricardo, pues pensó que se podían quedar con todo. Santiago Torres ordenó a Nicanor que matara a Torres cuando se quedara dormido. Y para no despertar sospechas montaron al cadáver en un caballo y lo dejaron caer por un desfiladero.

Llamaron al juez de Canoas don Avelino Chávez para que diera fe de la muerte de Santiago Torres quien era respetado en el pueblo. La gente del lugar sabía que se trataba de un crimen y citaron a Ricardo Gómez en Canoas. Una vez que llegó a un jacal que servía de escuela, los vecinos desarmaron a los guardias de Gómez mientras los de adentro lo inmovilizaron por la espalda y comenzaron a golpearlo hasta dejarlo moribundo. Los hermanos Serapio y Jorge Hernández al ver que no moría, le dejaron caer una piedra en la cabeza. Al día siguiente Ricardo Gómez aun estaba con vida, pues creyeron contaba con la protección de un crucifijo que portaba en el cuello. Serapio Hernández se lo quitó y el bandolero entonces murió. Se llevaron el cadáver de Ricardo Gómez al panteón de Canoas en donde fue sepultado. Serapio se quedó con el crucifijo hasta su muerte. Antes de morir le dio la imagen a Jesús Flores Aguilar y éste a René Treviño, vecino de los Horcones. Para cuando esto ocurrió, una partida de militares buscaba recuperar el valioso cargamento, pero no lo encontraron.

Santiago Torres probablemente era originario de General Bravo, Nuevo León. Con una gavilla de ladrones se dedicó a asaltar algunos pueblos de los alrededores, como por ejemplo, en 1924 participó en el asalto a un tren en Los Aldamas. Cayó prisionero por el entonces capitán Bonifacio Salinas Leal, quien estaba bajo el mando del general Irineo Villarreal en la hacienda de Mamulique.

El robo del tren en Rinconada dio origen a una leyenda, cuando miembros de una familia residente en el cañón de las Escaleras, encontraron el tesoro por casualidad. Para protegerse de la lluvia, debieron meterse a una cueva cercana a Loma Alta en el cañón de la Guitarrita y encontraron el cargamento con barras de oro. Dicen que la cueva estaba a la vera del camino que va del rancho de los Hernández a San José de los Nuncio en Ramos Arizpe, Coahuila.

Pero el lugar del tesoro no concuerda entre Canoas y Loma Alta. Probablemente se trate de otro hallado por la familia del lugar. El camino que va de las Escaleras hacia San José de los Nuncio, fue muy transitado durante la revolución. Familiares directos platican que pasaban mulas con cargamentos muy pesados y misteriosos. Cierta ocasión una norteamericana fue al rancho de los Hernández preguntando por su esposo que había pasado años atrás y no había vuelto a saber de él. En realidad éste cargamento fue hallado por Francisco Hernández, mejor conocido como el “Panchote” quien al recorrer una caverna localizó unos huesos muy grandes. Entonces se le apareció un soldado quién le indicó donde se hallaba una relación oculta por unas ramas y troncos.

Un reportaje del diario El Porvenir de Monterrey publicó la siguiente nota: “16 de marzo de 1924: cerca de Rinconada fue asaltado ayer el tren de pasajeros... los rebeldes, después de apoderarse de una fuerte suma de dinero, se retiraron sin causar daño al pasaje... al llegar el tren a Rinconada, muy cerca de las 5 de la mañana fue asaltado por una partida de rebeldes... los asaltantes no tuvieron tiempo de apoderarse del carro pagador... se internaron en las serranías con dirección al sur del estado de Coahuila... también salieron fuerzas a perseguir”.

Un corresponsal en Saltillo informó al Porvenir que: “el carro del pagador escapó de ser robado gracias a un ardid... los asaltantes se concretaron a asaltar el coche exprés... se llevaron cerca de 100,000 pesos”. Días después El Porvenir señaló que apenas robaron 79 mil pesos. En el lugar de los hechos se hizo un inventario: se llevaron dos barras de oro propiedad de la compañía Minera Peñoles. Si llevaban un fondo embarcado en el carro pagador, pero quedó intacto debido a la astucia del conductor del tren que venía desde Nuevo Laredo a la Ciudad de México y arribó a Saltillo con varios impactos de balas. Dos meses después murieron Santiago Torres y Ricardo Gómez. Obviamente las familias residentes en Santa Catarina, niega que el origen de sus recursos sean de los supuestos tesoros hallados en el cañón de las Escaleras y de Canoas.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina



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