Una vez alguien le preguntó a don Ernesto Zertuche, que si García daba granadas, Montemorelos naranjas, El Carmen nueces y Escobedo ajos, entonces Lampazos qué daba. Orgullosamente sentenció: “Lampazos da hombres”. Cuando hablamos de Lampazos de Naranjo, a la cual sus hijos se refieren como “Mi hidalga Tierra”, siempre nos vienen a la mente nombres de militares como Vidaurri, Zuazua, Naranjo y otros más. Pero se nos olvida que Lampazos también ha dado hombres y mujeres de bien, no solo para la región sino para México. Uno de ellos, considerado un tribuno, intelectual de prosapia y renombre, hombre influyente de su tiempo, indudablemente todo un personaje de su época: don Nemesio García Naranjo.

Nemesio García Naranjo nació el 8 de marzo de 1883 en Lampazos de Naranjo, Nuevo León. Estudió en su tierra natal y en El Encinal, Texas, para luego cursar el bachillerato en el colegio civil de Monterrey y la carrera de leyes en la ciudad de México, graduándose con honores en 1909. Como legislador, formó parte del último congreso porfirista y durante el régimen de Madero integró el famoso “cuadrilátero” con Querido Moheno, Francisco de Olaguíbel y José María Lozano. Fue designado ministro de instrucción pública con Victoriano huerta en 1913. A la caída de éste debió salir desterrado de México para exiliarse en San Antonio, Texas en donde fundó la Revista Mexicana. Siempre mostró su rechazo a la política de don Venustiano Carranza. Regresó a México en 1923, dedicándose a la docencia en la escuela nacional preparatoria y en el colegio militar. Además del periodismo en los mejores diarios de México, llegó a publicar en revistas y diarios de Madrid, Buenos Aires, La Habana, Caracas y Monterrey. Autor de una buena cantidad de obras literarias e históricas. Murió en la ciudad de México el 21 de diciembre de 1962. Como buen hombre del noreste y de Nuevo León, escribió éstos versos a Monterrey:

Monterrey es la plata limpia y fuerte
Que contra el infortunio se abroquela:
Y en pugna siempre con infausta suerte,
No se doblega nunca ni marchita

Sorbiste miel hiblea de las peñas,
Vivificaste los solares muertos
Y haciendo favorecer hasta las breñas
Llenaste de perfumes los desiertos

Monterrey de Eusebio de la Cueva 1892-1943
Oh mi roja ciudad de Sol y hierro,
Ascua perpetua; ígnea maravilla
Mi ciudad de granito, la del cerro
Misántropo y asceta de la Silla.

A 130 años de su natalicio, se le recuerda como uno de los hijos ilustres de Lampazos de Naranjo, de Nuevo León y de México.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina



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