Dr. Antonio Guerrero AguilarEs difícil reconstruir históricamente ésta etapa debido a la falta de registros suficientes en torno a la situación social y política de la época y a los pocos acontecimientos que tienen que ver con la lucha insurgente, de ahí que consignemos unas relaciones familiares y sociales de la época.

En noviembre de 1813 falleció José Francisco Treviño, hijo de Pablo de Treviño y de Gertrudis Guerra. Estuvo casado con María Leonor García, hija de Juan José García y de Juana María de Sepúlveda. Tuvieron once hijos, de los cuales sobrevivían siete: María Rosalía, María Gertrudis, José de Jesús, José Cayetano, María Juana, María de los Dolores y José Antonio. Los otros habían muerto muy pequeños. Dejó en herencia, nueve horas y media de agua en la hacienda de San Isidro con su tierra, una hora y media con sus tierras en la hacienda que llaman de Nicolás García, más los agostaderos que corresponden a dicha porción de agua y dos cabezas de ganado.

El 9 de febrero de 1814, hizo testamento Juan José García, hijo de José Cristóbal García y de Luisa de la Garza. En un acto de fe, se declara grave por una enfermedad que “Dios le envió” y pide le den cristiana sepultura. Estuvo casado con Juana María de Sepúlveda y tuvo por hijos a José de Jesús, José Antonio, María Leonor, Pedro y Rosalía.

En agosto de 1814, falleció Gertrudis Guerra, hija de Andrés Guerra y María Flores originaria de Saltillo. Fue casada con Pablo Treviño, originario de la Pesquería Grande, hijo a su vez de Alonso Treviño y María de la Mota. Tuvieron por hijos a Albino, María Gertrudis, María de los Dolores, Pedro José, María Francisca, María Teresa, José Francisco, María Josefa, María Ignacia, José Antonio y José Santiago. Dejó al morir dos días de agua en la hacienda de San Isidro con su tierra correspondiente, una casa con dos piezas con techo de morillo y carrizo, dos días de agua en el Potrero y de unas tierras en la hacienda que fue de Nicolás García. Mantenía dos esclavos llamados Juan e Ignacia que al morir quedaron libres.

En septiembre de 1814 falleció José de Jesús García, casado con María Antonia Ramona de Elizondo, hija de Félix Elizondo y Josefa García. Tuvieron por hijos a María Gertrudis que estaba casada con Roque de Luna, José Antonio, María Teresa, Juan José, María de Jesús, José de Gracia y María Rafaela. Don Jesús García fue accionista de la Hacienda del Molino, tenía su casa compuesta por una salita y una galera de adobe con techo de carrizo y la última de jacal. También era accionista de la hacienda de los Buentellos y de los Arredondos.

En 1815 murió Rita García, hija de José Joaquín García y María Gertrudis Lozano. Pidió ser enterrada en la capilla del valle. Estuvo casada con José Antonio García, teniendo por hijos a María Antonia, Francisco, María Francisca, Rosalía y José Santiago. Dejó de herencia 10 horaz con 54 minutos de agua en la acequia del Molino, una casa con un cuartito y una cocinita de adobe, techo de madera y carrizo, además de un jacal.

En noviembre de 1815 falleció José Luis de Luna, hijo de Antonio de Luna y Hermenegilda de Sepúlveda. Fue enterrado en la capilla del valle. Estuvo casado con Leonor Guerra, hija de María del Rosario de Luna. Era accionista de la hacienda de los Buentellos y tenía un nieto llamado Juan Manuel Rodríguez.

En ese tiempo falleció Ignacio de Arizpe originario de San Pedro, casado en primeras nupcias con Teodora García y luego con María de los Dolores Sepúlveda, hija de José Ramón Sepúlveda y de María de Jesús Flores. Tenían dos hijos José de Jesús e Ignacio. La casa en la que vivían tenía una sala y un cuarto con techo de tableta con dos puertas, un jacalito, una ventana y un armario, además de una cocina con techo de palma. Ellos tenían su propiedad en los terrenos de la herencia de Nicolás García. Fueron muy devotos de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos, pues al morir doña Dolores en agosto de 1828, le prometió un hilo de oro para la virgen.

También en 1815, de acuerdo a un testamento elaborado por José Cristóbal García, declaró ser hijo de Cristóbal García y de Luisa Margarita de la Garza. Solicita le den sepultura en la capilla del valle con entierro mayor si se puede o en el cementerio de afuera. Estuvo casado con María Gertrudis Treviño y tuvo por hijos a María Antonia, Ramón, Andrés, María, Francisca, Josefa, Ignacio y Domingo. Tenía unos nietos que vivían con él, hijos Francisca Josefa cuyos nombres eran Andrés, Antonio, Rafael, Espiridión y Joaquín.

Contaba con medio de agua en la finca de la hacienda de Petronila García, su tía. También pide que de sus bienes se aparte algo para la construción de la capilla de Nuestra Señora de San Juan. Declaró vivir en una casa con su sala, su cocinita y un jacal de adobe con techo de madera y carrizo, una banca y una mesa y con 48 minutos de agua en la acequia del Molino.

El 29 de abril de 1818, hizo testamento María Teresa de la Garza, hija legítima de José Ventura de la Garza y de María Manuela García, se había casado con Cosme Damián Rodríguez, procreando a María Catarina, María Matilda, María Juana, María Josefa, José de Jesús y María Cayetana Rodríguez que se casó con Agathón Rangel, teniendo como hijos a Mariano, Manuel y Maximino. Agathón Rangel falleció en la Villa de Aguayo, actual ciudad Victoria, Tamaulipas.

Al parecer ésta familia gozaba de una buena posición económica, pues señala que al casarse introdujo como dote un capital de 33 horas tres cuartos de agua, de las cuales seis pertenecían a unas tierras de agostadero en la hacienda del Molino y las otras 27 estaban en el Potrero de San Juan que fueron heredadas por su padre y su tío José Luis García. También en su testamento, declara dejarle a José Luis Rodríguez “por haberle creado” tres cuartos de agua con su correspondiente tierra y caballería y sitios que heredó de su tío José Luis García, en la acequia del Molino con asiento de casa, un potro y una potranca. Tenía una casa con dos cuartos de adobe con techo de carrizo con dos puertas con un armario y con todo lo demás para dicha casa, una galera techada de hoja, con su puerta y cinco yuntas de bueyes. De igual forma declaró la posesión de 26 horas de agua en la acequia de los Arredondo y pide que se separen tres de ella para que le hagan misa y se reze por su alma.

María Teresa Flores, hija de José Flores Valdés y de María Gertrudis Sepúlveda, falleció el 29 de junio de 1818, solicitando ser enterrada con entierro mayor y el hábito de San Francisco en la capilla del valle. Estuvo casada con Bernardo Rodríguez, con quien procreó a María Gertrudis, Manuel, Josefa, Santiago, Simón, Bruno, Andrés y Pedro Rodríguez, éstos últimos tres, se van a distinguir como alcaldes en las décadas siguientes.

Declara tener por casa, un jacal techado con hoja, con una cocina, con techo de palma y dos cuartitos de madera, con una parte de tierra y agua con ocho horas de agua en la acequia de los Arredondo y de tierra de nogal, además de una huerta con árboles frutales, cuatro horas en la hacienda de Buentellos al cuidado de Pedro Rodríguez, con las que quiere se renten para que le hagan misas veladas y también le deja 10 pesos a la Virgen de San Juan.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina



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