Dr. Antonio Guerrero Aguilar

Se entiende por mexicanidad a los elementos o rasgos culturales que nos identifican precisamente como mexicanos. Estos necesariamente configuran una serie de caracteres que son reconocidos o atribuidos a quienes los ostentan y los viven.

Dr. Antonio Guerrero AguilarSe entiende por mexicanidad a los elementos o rasgos culturales que nos identifican precisamente como mexicanos. Estos necesariamente configuran una serie de caracteres que son reconocidos o atribuidos a quienes los ostentan y los viven.

Muchos de nuestros literatos e intelectuales han tratado el tema de la mexicanidad. Por ejemplo, en el ensayo “Los hijos de la Malinche” que integra el libro de Octavio Paz “El laberinto de la soledad”, nos dice que el mexicano venera a un cristo sangrante y humillado, golpeado por los soldados, condenado por los jueces, porque en él la imagen transfigurada de su propio destino.

Por eso el mexicano se identifica con Cuauhtémoc, el joven emperador mexica destronado, torturado y asesinado por Cortés. De hecho Cuauhtémoc significa “águila que cae”. Literalmente Octavio Paz escribe: “el jefe mexica asciende al poder al iniciarse el sitio de México-Tenochtitlan, cuando los aztecas han sido abandonados sucesivamente por sus dioses, sus vasallos y sus aliados”.

Hasta Amado Nervo en una poesía recrea perfectamente esa actitud de los mexicanos. He aquí dos versos de su poema Mi México:

Nací de una raza triste,
de un país sin unidad
ni ideal ni patriotismo;
mi optimismo
a pesar de los pesares,
obstinación en querer,
con todos mis anhelares,
un México que ha de ser,
a pesar de los pesares,
y que yo ya no he de ver...

El gran caricaturista Abel Quezada, que por cierto nació en Monterrey en 1920 y murió en Cuernavaca, Morelos en 1991, aparte de sus dibujos que representan e identifican al mexicano, tales como el Charro Matías y el Tapado, nos dejó unos apuntes interesantísimos que Víctor Roura director de la página cultural del Financiero reprodujo el 31 de agosto de 1999:

“Al mexicano y a la mexicana debe juzgárseles comenzando por ver lo que comen. Su conducta en la vida se determina por eso: el machismo, de la negligencia, de la mala condición física y de la indolencia mental tienen la culpa los tacos y las tortas y los tamales y las chalupas y las memelas y las garnachas y las quesadillas.

El mexicano es el único ser en el mundo que no nace para construir. Nace para acabar con lo que encuentra, inclusive consigo mismo. Pronto se da cuenta de lo incómodo de su posición en la vida y decide que lo único que le queda es sacarle ventaja al medio en que se desenvuelve, una ventaja, claro, que sólo lo beneficia a él.

Tiene de su patria una idea folclórica; es decir, de adorno. Se ofende si alguien se atreve a insultar a su México, pero es incapaz de hacer algo que beneficie a ese mismo su México. ¿Por qué hace eso el mexicano? Lo hace por su instinto natural de venganza. Venganza contra sí mismo. Deseo subconsciente de destruirse, de suicidarse, de castigarse. Y lo que hace con un teléfono lo hace con todo el país.

Esta teoría nacionalista la utilizamos como bandera para envolvernos en ella y seguir firme y metódicamente con el sensual placer de destruir todo lo que nos pertenece, porque parece que el destino incambiable de México es ser destruido, devorado por sus hijos los mexicanos.

Hablar mal de México se ha vuelto una especie de hobby para muchos mexicanos. Yo insisto en hacerlo con la vana esperanza de que un día todos se pongan de acuerdo y digan: hombre, después de todo, podríamos componernos con muy poco esfuerzo, ¿por qué no lo hacemos? Ser mexicanos no es tener una nacionalidad; es tener un vicio”.

Pero todo el problema está en la “minialimentación del mexicano, el mal está en el principio: en todo mundo se dice plato y en México se dice platillo; platillo es diminutivo. Por otro lado, como el mexicano es mal nutrido pero muy macho, dice cigarro en vez de cigarrillo. Se alimenta con el diminutivo platillo lleno de diminutivos: romeritos, chilitos y tamalitos. Pero después arrepentido de minimizarse tanto, se fuma un cigarro porque le da vergüenza decir cigarrillo. Y hasta ahí llega su audacia porque después del cigarro vuelve a su modestia y se toma un cafecito. Los diminutivos alimentan al mexicano: cuando come carne de cerdo a la que llaman carnitas, envueltas en tortillitas bien calientitas, con su salsita, su cilantrito y su cebollita, que forman parte de los famosos taquitos y con taquitos se envenena a los mexicanos, lo cual prueba que el mexicano tiene una gran vocación para la muerte, pero no que sea carnívoro. Y estos diminutivos a parte de no nutrir, hacen daño, ¿por qué los comen los mexicanos? Lo hacen porque creen que sentirse mal después de comerlos es parte del menú. Están acostumbrados a eso; es su estado natural. Ya lo había dicho el Barón de Humboldt: el estado natural del mexicano es la indigestión”. (Sic)

Comúnmente existe la creencia de que el mexicano es pasivo, flojo, ingenioso, creativo, indolente, apático, que se adapta fácilmente a varias circunstancias y situaciones, transa, que es desconfiado y desconfiable por corrupto, aguantador, desobediente, indisciplinado, impuntual, desobligado y demasiado emotivo.

Otros intelectuales como Díaz Guerrero dicen que el mexicano está deseoso de reconocimiento y poder. Samuel Ramos que tiene un complejo de inferioridad. Jorge Portilla por su parte, dice que el mexicano es relajiento o apretado. En cambio Octavio Paz lo define como solitario y enmascarado. Oscar Lewis lo hace inestable emocionalmente. Santiago Ramírez muy macho y por ello inseguro. Para González Pineda es sufrido y sumiso, para Aniceto Aramoni reprimido y rebelde. Guillermo Sheridan lo hace malinchista en extremo y muy ingenuo, por eso tiene grandes dificultades para enfrentarse a la realidad y por lo mismo niega o trata de evadirla como pueda. ¿Será que por eso la muerte se nos presenta como vocación y destino para todos los mexicanos?

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de Santa Catarina



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