El considerado traidor de la conjura del Grito de Dolores, Ignacio Elizondo nació en el valle de las Salinas el 6 de marzo de 1766. Fue hijo de Marcos de Elizondo y María Josefa de Villarreal. Fijó su residencia en el Valle de San Juan Bautista de la Pesquería Grande en donde se casó con Gertrudis García en 1787, quien por cierto falleció en 1797. Ahí comenzó su carrera militar como teniente de la compañía de caballería de las Milicias Provinciales de la Pesquería Grande y más tarde sirvió como capitán en La Punta de los Lampazos. Luego arrendó haciendas ganaderas en el norte del Reyno y de Coahuila. Se retiró del servicio militar en 1809 para dedicarse a sus negocios, pero se incorporó a las fuerzas insurgentes en la batalla de Agua Nueva en enero de 1811 y luego participó en la captura de fondos realistas en Monclova.

Después de participar en la aprehensión de los jefes insurgentes ganó fama de héroe y notoriedad. Según la versión del ilustre médico, José Eleuterio González, “Gonzalitos”, que obtuvo por medio de un hermano de Ignacio Elizondo, llamado José María, quien le dijo que Ignacio pidió a Hidalgo y Allende un ascenso militar y que se lo negaron, por lo que enojado llegó a la Pesquería Grande para tramar una venganza.

Ahí fue donde se entrevistó con el entonces obispo Primo Feliciano Marín y Porras, quien al darse cuenta de la desilusión de Elizondo, lo buscó para que se infiltrara nuevamente en el movimiento insurgente. La tradición popular de Villa de García, sostiene que ambos tenían fincas en el lugar: Ignacio Elizondo vivía en la actual calle de Morelos, en una casona conocida como la del Águila Real pues tiene en su fachada un águila devorando a la serpiente. Es probable que después en ese lugar estuviera la comandancia de la Milicia Cívica de la Pesquería Grande. En cambio el obispo Marín y Porras era propietario de una casona que está en la actual calle de Genaro Garza García, en donde se ve un viejo portón de recia madera de mezquite que tiene tallados en relieve el busto aparentemente de él y una imagen de la Virgen de Guadalupe.

Se cuenta de que al día siguiente de la entrevista, Marín y Porras se fue a Salinas y Elizondo con rumbo a Acatita de Baján en donde participó activamente en el proceso de la aprehensión de los principales jefes insurgentes. Pero según la versión del historiador Isidro Vizcaya Canales, el origen de la conspiración está en Laredo, en donde José Ramón Díaz de Bustamante e Ignacio Elizondo, decidieron la captura de líderes para el 21 de marzo de 1811. Una vez aprehendidos, fueron trasladados a Monclova y de ahí a Chihuahua en donde fueron fusilados.

En su honor, la Junta Gobernadora hizo un manifiesto a favor: “¡Oh Elizondo! Tu serás para los futuros tiempos la honra y resplandor de tu Patria, la admiración de la América y el asombro de todo el mundo”. En recompensa Elizondo fue ascendido a teniente coronel y fue invitado por Joaquín de Arredondo para sofocar las rebeliones en Texas. Precisamente en el verano de 1813, recorrió con sus hombres muchos de los dilatados puestos de la provincia de Texas, especialmente para rendir a la tropa al mando de un militar conocido como Alvarez de Toledo, persiguiéndolo hasta Nacogdoches. En el trayecto mandó fusilar a cerca de 74 prisioneros. Una vez dormido, lo atacó el teniente Miguel Serrano quien supuestamente había perdido la razón al ver tantos fusilados, dando muerte también al oficial Isidro de la Garza, en un lugar cercano al Río Brazo de Dios.

Supuestamente, quién estuvo detrás del atentado en contra de Elizondo fue ni más ni menos que Joaquín de Arredondo. Otros murmuraban que en realidad Miguel Serrano estaba loco pues fue llevado al Hospital de San Hipólito en donde murió. Elizondo gravemente herido fue trasladado a un lugar para que se le atendiera, pero murió en un jacal del pueblo de San Marcos el 21 de septiembre de 1813 a la edad de 47 años.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina



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