Dr. Antonio Guerrero Aguilar

En la historia de México sobresalen muchas figuras femeninas que de una u otra forma participaron en los principales y decisivos acontecimientos de nuestro pasado. Una de ellas fue María Ignacia Rodríguez de Velasco y Osorio y Barba, mejor conocida por su deslumbrante belleza y elegancia y seguramente por su color de tez y cabello, como la Güera Rodríguez.

Dr. Antonio Guerrero AguilarEn la historia de México sobresalen muchas figuras femeninas que de una u otra forma participaron en los principales y decisivos acontecimientos de nuestro pasado. Una de ellas fue María Ignacia Rodríguez de Velasco y Osorio y Barba, mejor conocida por su deslumbrante belleza y elegancia y seguramente por su color de tez y cabello, como la Güera Rodríguez.

Ella fue una distinguida y fina dama de la más alta alcurnia, rancia aristocracia y limpio abolengo de la muy noble y leal ciudad de México, en donde nació en el año de 1778. Estuvo casada en tres ocasiones, la primera con José López de Peralta, la segunda con Mariano Briones y la última con Juan Manuel de Elizalde. Asediada en muchas ocasiones, se le relacionó con lo más granado de la sociedad capitalina y con los principales jefes de la insurgencia.

Dicen que hasta Simón Bolívar cuando la conoció en 1799, en su paso por la Nueva España, quedó prendado de su singular belleza. Hasta el Barón Alexander Von Humboldt cuando la vio por vez primera, exclamó que era la mujer más atractiva que había visto en todos sus viajes. Y cuando supo del Grito de Dolores, fue partidaria del movimiento insurgente del padre Hidalgo e Ignacio Allende.

La Güera Rodríguez vivía cerca del Oratorio de la Profesa. Después de haber concertado tres matrimonios y quedar viuda en todos, conservaba el donaire y la elegacia propios de su lejana juventud. Esta distinguida señora había visto entrar al templo de la Profesa, en repetidas ocasiones a un joven y gallardo oficial del ejército real, llamado Agustín de Iturbide. Interesada en conocerlo, hizo que el canónigo don Matías de Monteagudo lo invitara a las reuniones secretas que se verificaban en un salón anexo al templo, en el cual celebraban un grupo de clérigos, militares y funcionarios con la intención de que las leyes de Cádiz no se aplicaran en la Nueva España y le quitaran sus privilegios obtenidos a lo largo de 300 años.

En esas tertulias en donde se merendaba pan con chocolate, se dice que la Güera Rodríguez apoyada por los principales jefes de la Profesa, propuso a su enamorado coronel Agustín de Iturbide y Arámburu, la realización del ambicioso plan. Apoyada la propuesta por el doctor Monteagudo, fue secundada con aplausos y júbilo por todos los tertulianos.

Una vez alcanzada la Independencia en 1821, la Güera Rodríguez fue testigo de los primeros gobiernos del México Independiente y de sus principales problemas. Ella murió en la ciudad de México en 1850. Con el correr del tiempo, el insigne escritor coahuilense Artemio de Valle Arizpe escribió una novela en torno a su vida, que llamó “La Güera Rodríguez”.

Sin duda alguna, fue una mujer que puso su belleza e inteligencia, además de sus recursos económicos a la causa insurgente.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina



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