Lic. Antonio Guerrero Aguilar

Los altares de Muertos son recuerdos y alabanzas  a la vida, porque la finalidad es recordar a los muertos. Está hecho a modo de plegaria para el eterno descanso de las personas. Y porque sabemos que la muerte es una realidad inevitable a la que se le respeta y se le enfrenta. Celebrar el día de los muertos es un acontecimiento con fuerte arraigo en nuestro país. A las tumbas se les lleva flores y se les arregla, mientras que en las casas se encienden veladoras en memoria de los que ya se fueron.

Lic. Antonio Guerrero AguilarLos altares de Muertos son recuerdos y alabanzas  a la vida, porque la finalidad es recordar a los muertos. Está hecho a modo de plegaria para el eterno descanso de las personas. Y porque sabemos que la muerte es una realidad inevitable a la que se le respeta y se le enfrenta. Celebrar el día de los muertos es un acontecimiento con fuerte arraigo en nuestro país. A las tumbas se les lleva flores y se les arregla, mientras que en las casas se encienden veladoras en memoria de los que ya se fueron.

El altar sintetiza la tradición prehispánica con la cristiana. De hecho, debe ser de apariencia barroca. Los antiguos mexicanos ofrendaban cosas como cera, semillas, aves y comidas. Ellos también creían que la muerte no es el final de la vida, sino su continuidad y por ello dedicaban el noveno mes del año para recordar a los niños inocentes muertos y el décimo para los adultos.

En el altar se hacía a la vez, una recepción y despedida a las almas de los santos difuntos, con rezos, quema de copal, incienso o música. Entre los antiguos mexicanos la festividad iniciaba desde el 8 de agosto y en forma recurrente se instalaban gradas o mesas a las que decoraban con cera, frutas y maíz, porque recordaban los frutos que la tierra nos había dado. Es la época en que se vive de ellos y se les recuerda y se respeta el ciclo de regeneración de la vida. El altar es precisamente una fiesta a las cosas vivas de la naturaleza y que nos hace ver que la muerte no era vista como final de existencia sino como parte de ésta.

Hoy en día, desde días previos se instala un altar en el que se ponen objetos blancos: manteles, dulces, juguetes y cosas que le gustaban a los difuntos desde que era niño. En algunos casos, como manda la tradición el altar debe constar de siete partes o gradas. El siete es el número de la perfección que está integrado por el cuatro que recuerda lo material y el tres que recuerda a lo inmaterial. Precisamente los primeros tres escalones nos recuerdan las etapas: niñez, adulta y vejez. Para algunos representaban los siete pecados capitales: gula, avaricia, pereza, soberbia, lujuria, ira y envidia.

Puede variar la división del altar, pero debe tener una mesa cubierta con mantel blanco y los retratos de los difuntos. Si no había retratos, se ponían calaveritas de azúcar con sus nombres respectivos. Luego a cada lado se pone una veladora, se agregan platillos, bebidas y dulces. Existe la creencia de que los muertos llegan a la tierra, para degustar y ver las cosas que les agradaban en vida, de ahí que les pongan comidas.

La mesa puede ser adornada con cajitas de muertos, hechas de cartón, madera o barro.

En el primer escalón se ponen un santo o imagen, en el segundo un espejo para las ánimas del purgatorio, en el tercero se pone la sal para los niños del limbo, en el cuarto se pone pan y vino para los parientes del difunto, en el quinto se pone la comida y la fruta, en el sexto la foto y en el séptimo una cruz.

También en una grada se ponen "entierros" que son muñecos con cabezas de garbanzo y vestidos de papel de china o de crepé. La primera grada, al pie del altar debe indicar el camino a seguir que remata en una cruz. En las gradas se acomodan el agua, veladoras, incienso, fotos y demás objetos alusivos. Todo el conjunto debe estar rematado por una cruz que es en donde convergen los caminos de los muertos con los de los vivos. Debe llevar agua con jarros para saciar la sed del difunto que recorre un largo camino. Las velas se encienden al igual que el copal para purificar el ambiente y alejar a los malos espíritus, su luz también guiará a los difuntos. En algunos casos se pone una cruz hecha con cal.
Las flores deben ser blancas si son para niños o señoritas y para los adultos, y se permite una variedad en la que sobresalen la flor de cempasúchil, la mano de león, margaritas, flor de obispos y nubes. De igual forma, los alimentos se organizan en las siete gradas. Deben estar en trastos limpios porque luego se reparten a los familiares y amigos del difunto.

Es importante que en el altar se pongan cosas que refieren al agua, al fuego., el agua y el aire, que son los elementos de la naturaleza que rodean y dan vida al hombre. También deben poner sal pues se dice que la sal conserva y porque el organismo está formado con sal. Las flores blancas representan el cielo, las flores amarillas la tierra, la flor morada el luto, flores de papel como abundancia. El agua la vida o energía, las veladoras la luz y la guía del camino, comida y fruta como ofrendas a la vida y al recuerdo del difunto. Papel picado como símbolo de todos los elementos del altar, con arcos en las puertas de las casas pues son un puente tendido entre la vida y la muerte y todo el conjunto debe rematar con una cruz que significan las bendiciones que nosotros los vivos ofrendamos a los difuntos.

Qué se debe evaluar de un Altar de Muertos, Altar de Vida

  1. Originalidad y decorado: formas, colores, a quién se dedica
  2. Disposición armónica y equilibrada de los elementos
  3. Que traiga los siguientes elementos simbólicos:
    -    agua, tierra, aire y fuego
    -    calaveritas y objetos alusivos a la muerte
    -    disposición de las flores
    -    alimentos
    -    cosas alusivas al personaje que se dedica el altar: fotos, objetos que le recuerden
  4. Explicación por parte de un responsable a la hora de la evaluación
     

Yo recomiendo sumar del 1 al 5: uno menos y lo máximo cinco

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de Santa Catarina



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