Profr. Benito López Valadez

Como “pilón” de lo que se prometió escribir -cuya meta era de 100 anécdotas-. Solíase pedir al tendero el “pilón” después de haberle comprado algo en su tienda, y, en un cucurucho arrollado en forma de cono que hacía las veces de una bolsa, echaba generosamente unos dulces de bote, confites o de cacahuates, ya que no había más, en dicho cucurucho, o de plano los depositaba en la mano como agradecimiento que se le solía comprar con cierta frecuencia.

Profr. Benito López ValadezComo “pilón” de lo que se prometió escribir -cuya meta era de 100 anécdotas-. Solíase pedir al tendero el “pilón” después de haberle comprado algo en su tienda, y, en un cucurucho arrollado en forma de cono que hacía las veces de una bolsa, echaba generosamente unos dulces de bote, confites o de cacahuates, ya que no había más, en dicho cucurucho, o de plano los depositaba en la mano como agradecimiento que se le solía comprar con cierta frecuencia.

Esto, ha desaparecido de la faz de esta ciudad al menos, tal vez como una tradición más que se va para no volver.

(Algunos comerciantes entregan cromos o calendarios. Otros lo menos entregan boletos d¡para una rifa de artículos para el hogar, lo que desata una cacería de coleccionar calendarios y de efectuar más compras, para obtener más boletos y tener más oportunidades en la rifa, que casi siempre es en diciembre).

Esta última anécdota, que se le tiene alto interés en difundirla, tiene relación en alguna forma, o de alguna manera, con la “Unión de Cocheros y Similares de Sabinas Hidalgo, Nuevo León” y adherida a la C.T.M. Local y estatal.

Que prácticamente, terminó y sólo queda en el recuerdo el transitar por la calles, callejones, caminos, caminos reales y senderos, donde dejaron huella, los coches, carretas, carretones y guayines, expreses, carrozas y ligerinas.

Siendo muy honrados y a la distancia y tiempo pasados, honestamente recordamos hoy su servicio, gentil, acarreo, transporte, de 2 y 4 ruedas, lento y veloz, humanístico, paseo pueblerino, necesario, heredado de padres e hijos, como todo un oficio, típico, noble y muy seguro.

También: Contra el estrés, especial para leer, ver y observar, somnoliento, arrullador, ideal para dormir trabajando o de paseo y trabajo, eficiente, tradicional, atento, esmerado, cabal, honrado, puntual, cumplido, cortés y formal.

También: Competente, informador, como vocación de servir, triste y alegre, honesto, genuino, auténtico, barato, cotidiano, madrugador, empleado en casamientos, fiestas y desfiles patrióticos, adornado de mil colores, patético, pintoresco, educado, airoso y lucido, en 3 y 4 vientos, soleado, lluvioso, etc., y útil servicio.

Servicio brindado a los exclusivos clientes foráneos y locales, que muchas de las veces preferían este servicio antes que utilizar el servicio de un automóvil de sitio.

Al tener un accidente vial el Sr. Tomás Durán Guzmán, que lo obligó a dejar esta noble actividad, al salir lastimados y accidentados tanto el cochero como el caballo (y el coche) a finales del año de 1995. (poco después vendió el coche al Sr. Reynaldo Villarreal, antes le había vendido otro a Héctor Mireles Ancira).

(Esto evocó los vivos y vagos recuerdos cuando Don Trinidad García, chocó su coche con un avioneta -que viene a ser el único caso en el mundo, en choques de este género-, en los terrenos que hoy ocupa la Unidad “Alfonso Martínez Domínguez”.

En ese tiempo se le llamaba “campo de aviación”-, y cuando “las muchachas” ven tamaña avioneta, le exclaman a le espetan a todo pulmón a Don “Trine”: -“que  un avión o una avioneta, va a chocar con ellos”-., Don “Trine” célebremente, les contesta: -”no se mortifiquen, muchachas, yo voy por mi derecha”- “y hete aquí, que ¡zaz! La traidora hélice de la mentada avioneta, le dejó al caballo sin cabeza que los obligó ir al consultorio del Dr. Martín González en la Carretera Nacional y lo demás, por obvio o por sabido se omite o se cala.

También recuerda a:

Anastacio de León y a su hermano Santos de León, que en su guayín, traían de la Estación del Tren en Villaldama a esta ciudad las mercancías y abarrotes que llegaban en el ferrocarril a la vecina ciudad.

De Garza Ayala, recordamos a: Jesús María Berrones.

A Enrique Rodríguez Hernández, con un guayín estirado por 4 caballos iba y venía a Anáhuac, N. L., era comerciante.

A Brigido Garza que en su guayín llevaba a vender mercancía por el rumbo del Sendero.

Recordamos hoy también a los Carretoneros, que tenían su sitio por la calle Dr. José María Coss, atrás de “Los Colegios” y casi enfrente de la Reguladora de Gorgonio Ruiz, algunos que se recuerda:

Antonio Gutiérrez, Eduardo Lozano, Kirchner, Quirino Garza, José María Chavarría de la Hacienda Larraldeña, Julián Llano, José García, Gumercindo Gutiérrez, Blas Rubalcava, Armando Robles, Mateo Pérez Rocha, Sebastián Contreras Zapata. Transportaban muebles nuevos de las mueblerías, también como mudanza, etc.

También recordemos hoy: a los carreteros, que en su carreta estirada por 2 bueyes, transportaban: leña, nopal, material para construcción como mixto, arena, piedra bola, arenón, cascajo, material para rellenar, además tierra, sillares, adobes, bloques, piedra de rostro, palos de barreta y otras variedades y ramas para cercas, como actividad principal.

Además transportaban: pita, mineral de Vallecillo y de la “La Pachona” a Villaldama, N. L., también trigo y cebada malta para trillar, etc.

Se afirma que también integraron su Sindicato de Carreteros. Entre los que se puede recordar se  menciona a:

De la Colonia Lozano a: Ernesto Escamilla Salinas, Luis Escamilla Salinas, Homero Escamilla Salinas y Guadalupe Escamilla Salinas.

De la Hacienda Larraldeña a: Alfredo Garza, Francisco Cavazos y a Severo Garza.

Del Barrio de Sonora a: Blas Guadiana, Antonio Guadiana, Irineo Guadiana, Irineo Chávez, Félix Jasso García, José Jasso García, Manuel Lozano, José Lozano, Juan Guajardo, Eugenio Guajardo y Trinidad Chávez.

Del Ejido Sabinas al oriente de la Carretera Nacional al grupo más numeroso se cita a:

Trinidad Sánchez Martínez, Celestino Sánchez Martínez, Jesús Alvarez, Reynaldo Alvarez, Vicente Araiza, Rafael Carrasco, Francisco Carrasco, Eloy Treviño Rodríguez, Silvestre santos, Luis Treviño Cantú, José Cruz Benavides y Jorge Guevara Llano.

También a: José González, Casimiro González, Alfredo González, Ambrosio Esquivel, Luis Esquivel, Antonio Esquivel Villarreal, Mercedes Treviño, Santos Treviño, José Niño, Pablo Sanmiguel, Simón Sanmiguel y Marcelino Sanmiguel.

Además a: Tomás Sánchez, José Cárdenas, Jesús Niño, Antonio Cruz Guevara, Antonio Frías Vargas, Albino Treviño Cantú, Felipe Treviño Cazares, Elpidio Esquivel Villarreal, Pedro Robles y Antonio Robles Miranda.

Por último a: Francisco Jasso, Florentino Martínez, Francisco Martínez Sanmiguel, Lázaro Martínez Sanmiguel, Julián Martínez Sanmiguel, Gabriel Esquivel, Porfirio Pérez, Leonides González, Basilio Jaramillo, Pablo Rangel y Melquiades Niño.

Y en otro grupo a: Carlos Rodríguez, Federico Chávez, Román Garza, José Llano Esquivel, Sebastián Contreras Zapata. Eugenio Guajardo, Ufemio Camacho Calderón y Hermenegildo González Medina.

En otro grupo de la Hacienda Larraldeña a: Nieves Berrones, José Rodríguez, Porfirio Alvarado, Seferino Pereyra y Anselmo Silva.

Y en el último grupo a: Benito Cárdenas, Ambrosio Garza, Antonio Carillo, Longino Costilla, Apolinar de León, Gerardo Guadalupe Guadiana, Pablo Vélez, Marciano Hernández, Trinidad Treviño, Benito Treviño, Gregorio Guadiana, Guillermo Espinosa, Andrés Garza, Félix Villarreal, Carmen Muñoz y Quirino Garza.

En cuanto al pago por el servicio brindado, casi siempre les pagaron cinco pesos por viaje, de eso hace casi 30 años, se acordó cobrar 8 pesos por viaje, pero nunca o casi nunca se los pagaron.

Se tiene conocimiento que algunos Carreteros llevaban ganado pequeño a vender a Monterrey para consumo humano. Viajaban de noche a la luz de la luna y de día descansaban y pastoreaban el ganado que llevaban.

De paso llevaban alimento para ellos mismo, así como, para el ganado que iban a vender, Tardaban varios días en hacer el viaje de ida y vuelta.

Nos e podía dejar pasar por alto de ninguna manera, a todos los carreteros de las comunidades situadas al oriente de esta risueña población:

De San Antonio de Carboneras y Garza Ayala, que en toda una odisea , (imitando a Robinson Crusoe, novela de Daniel Defoe, 1719, que relata las aventuras del marinero escocés Alejandro Selkirk en su estancia, después de un naufragio, en la isla chilena de “Mas a Tierra”, del Archipiélago de Juan Fernández).

Venían a Sabinas Hidalgo a vender leña principalmente. Tenían 4 mesones o lugares de descanso, tanto de allá para acá, como de aquí para allá.

Se localizaban aquí en “Las Compuertas” en la salida a Parás, el primero. El segundo descanso lo efectuaba contra la esquina de la casa del señor Nicasio Escamilla por la calle Iturbide.

El tercero en la explanada, que ahora ocupa la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, por la calle General Bernardo Reyes y por último, en la manzana que está contraesquina del Banco Banamex.

Entre los muchos que hacían el viaje a esta ciudad todavía era una Villa, se puede recordar hoy a:

De Carboneras a: Rafael Jasso Gallegos, Gonzalo Jasso Vázquez, Román Cruz. Antonio Jasso Gallegos, Eloy Chapa Cárdenas, Jesús Chapa Jasso, Cornelio Jasso, Francisco Jasso Santos, Leandro Jasso Vázquez, Juan Alvarado, José Ángel Jasso, Rogelio Chapa, Leandro Jasso, Guadalupe Alvarado, Tomás Jasso Landín, Matías Jasso Landín, Guadalupe Jasso Landín.

De la comunidad de Garza Ayala a: Jesús María Berrones, Camilo Berrones, Gabriel Guzmán, Francisco Vélez.

Como dato por demás curiosos y sin adán de ofender, los dueños llamaban a los bueyes por su nombre y que ellos mismos les habían puesto. Hacían más caso lejos que los niños de hoy en día, que se les envía a la tienda del Barrio a traer un mandado y rápido contestan- “que no van, que ellos ya fueron ayer, pero; si se les paga van, si no no se mueven”.

Antes bastaba y sobraba una seña o una mirada para mandar, ahora sobran palabras, gestos, señas, gritos y miradas y los niños no se mueven.

Además recordemos hoy también a los que conducían sus exprés, por las polvorientas calles y callejones que levantaban polvaredas como las ligerinas, por lo rápido que iban, y casi, el caballo iba a todo galope.

Entre algunos de ellos se recuerda a: Victoriano Cervantes Contreras, Barbarito Cervantes Contreras, Juan Cervantes Contreras, Celso González Cavazos, Abraham Flores, Pedro Cantú, José Facundo, Gabriel Contreras, Anselmo Hernández, Tomás Contreras, José Garza Serna, Martín García y Santiago Flores.

Además: Eufemio Camacho Calderón, Florentino Martínez Guerra, Juan Espinosa, Blas González, Juan Montemayor, Aniceto Vázquez, Lorenzo Contreras, Juan Francisco Mascorro, Rito Mascorro, Ambrosio Vázquez, Rodolfo González, Severo Espinosa, José R. González, Julián Chapa, Jesús Morton, José María Guadiana, Gilberto Garza Cantú, Cruz Montemayor, etc.

Principalmente, entre los servicios brindados a la comunidad, estaba en primer lugar el entrego a domicilio de la leche, recién ordeñada de vacas sanas y contentas, mal llamada “leche bronca”.

Para distinguirla de la leche pasteurizada o pasteurizada, esterilizada al calentarla entre 75 y 85 grados para destruir los microbios que puede contener.

Se puede mencionar, que sólo queda brindando este servicio, Celso González Cavazos del legendario Barrio de Sonora, pero ya se ha motorizado, al igual que Argumedo y Ezequiel Alcorta de Monte Grande.

De Carboneras: Rafael Jasso Gallegos, todavía lo sigue utilizando en forma particular, de redilas altas y de color rojo, Francisco Jasso Santos, también lo conserva y lo sigue usando aún y por último Juan Alvarado.

Entre los conductores de la ya mentada “ligerina” y que brindaban el mismo servicio que los del exprés, pero mucho más rápido en su entrega, ya prácticamente “volaban”, para entregar el producto lácteo, lo más temprano posible.

Recordamos lúcidamente, a Juvenal Moya, alegre y platicador como Celso González, que entregaban la leche al amanecer y reponían fácilmente el tiempo empleado en la suculenta y larga conversación.

Se recuerda además a Don Cruz Montemayor, José González Santos, Pedro González, Sebastián Contreras Zapata, Carlos Solís, con su ligerina de llantas de hule y a Mateo Pérez Rocha.

De Garza Ayala: Aléctor Guajardo Alanís, la conserva y el 20 de noviembre de 1996, participó en el Desfile de la Revolución en sabinas Hidalgo, con su “ligerina” adornada con los colores patrios.

Juvenal Moya, Celso González Cavazos y José María Guadiana con su célebre frase: “El sol sale para todos”, eran muy formales con su clientes, al grado que si un cliente pretendía comprarles más de lo estipulado; se negaban rotundamente, arguyendo que no podían quedar mal con sus clientes que los esperaban más adelante y brotaba la frase: “Y después que vendo”.

También se recuerda las carrozas, aquellos coches grandes y lujosos, de 2 ruedas atrás más grandes que las 2 de adelante y, hasta estiradas por 4 briosos corceles.

Entre las personas que brindaban este servicio, -que no se le desea ni al más enemigo que lo utilice.

Se recuerda hoy a: Manuel Garza Jiménez y a Ruperto Sánchez allá por el Barrio del Aguacate y, a Manuel Rodríguez una cuadra al sur de la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe.

También es muy justo y necesario, recordar a los herreros y personas que se dedicaban a hacer toda clase de reparaciones en sus fraguas o talleres a los coches, carretas, expreses, ligerinas, carretones, guayines y carrozas.

Entre algunos de ellos se menciona a: Pedro Santos, Carlos Kirchner, Ruperto Reyna, originario de Bustamante, su hijo Beto Reyna, Jesús Sánchez, Emeterio… de la Hacienda Larraldeña, Guadalupe González, Celso González y Celso González Cavazos, Jesús Espinosa, Rogelio Espinosa, Guadalupe Garza, Cristóbal Villarreal, Rafael espinosa, José María Espinosa, Melchor Cantú, Simón Herrera y José Herrera de Bella Vista.

En Carboneras: Rafael Jasso Gallegos y Rafael Jasso Páez.

En Garza Ayala: Domingo Véliz.

También a: Domingo Buenrostro, Domingo García, Gabriel Esquivel, que hacía los yugos y era un excelente artesano en este oficio manual.

También se evoca, que los cocheros tenían sus sitios de coches de tracción animal en lo que hoy es la placita y el Monumento a los Fundadores, luego otro, frente a la escuela Secundaria Profesor “Antonio Solís” y a la Parroquia de “San José”.

Luego otro por la calle Niños Héroes, en lo que hoy es la “Cabaña de los Reyna”, un pequeño sitio en la Carretera Nacional frente a la “Malú”, hoy “La Granja” y por último, por la calle Cuauhtémoc, casi esquina suroeste con Carretera Nacional, frente a la Mueblería Garza.

Portaban su placa de tracción a un lado del estribo y su lámpara de gas morado para iluminarse por las lóbregas noches.

También es de mucha justicia recordar a los cocheros que brindaban servicio de ida y vuelta a la vecina ciudad de Villaldama.

Entre algunos se recuerda hoy a: Francisco Villarreal, Eugenio Mireles, que traía a Sabinas la maleta o valija del correo que llegaba en tren a dicha ciudad, a Manuel Garza y a Cosme Treviño.

Por último, aunque suene disparatado, el profesor Víctor Alejandro Méndez en la década del 40, tenía que acudir a Villaldama a un evento de voleibol. La mayor parte del equipo de la secundaria “Antonio Solís”, partió a Monterrey en un autobús y de allí se trasladarían en tren a Villaldama.

El profesor Víctor, ocupó a los cocheros Tomás y Pedro Durán para que lo trasladaran a él y a sus sobrinos Julián y Luis Garza Alejandro en su coche a dicha ciudad y, ¡sorpresa!, arribó primero que los jugadores a Villaldama.

-Y no acabó allí la cosa. Al regreso, los jugadores , optaron por viajar a Nuevo Laredo en tren y de allá a Sabinas se vendrían en autobús. El profesor Víctor volvió a Sabinas con los citados cocheros y nuevamente, llegó primero que los jugadores. Por eso recordar es vivir.

Cuentan que en una ocasión un mago visitó Sabinas y Francisco Villarreal, dudaba que dicho mago tuviera algún poder o de que no hacía ninguna magia, a lo cual el mago le sentenció: -desde aquí tu caballo, brioso y excelente corcel, lo acabo de “manear” y no se va poder mover.

Don Francisco, dudó nuevamente. En eso llegó un cliente que solicitó sus servicios. Por más que quiso, no pudo hacer que el caballo se moviera. Ante tal enojo Don Francisco; le solicitó respetuosamente, que le “desmaneara” el caballo.

Y a la señal del mano, el caballo pudo arrancar en veloz carrera, ante la incertidumbre e incredulidad de Don Francisco, que solamente movía la cabeza de un lado a otro.

Recordemos hoy por bocas de otras personas y del último cochero, el Sr. Tomás Durán Guzmán a:

Jesús López, Eugenio Mireles, Pedro Durán Treviño, Guadalupe Lozano, Severo González, Cecilio Garza, Teodoro Mercado, Jesús Flores, Julián Llano, José García, Matilde Gómez, Carmen Muñoz, Eugenio González, Manuel González, Rubén Villarreal, Enrique Garza, Francisco Alejandro, Antonio Garza y Ramón Lozano.

También a: Manuel Durán Treviño, Roberto Durán, Pedro Durán Guzmán, Enrique Flores, Enrique Flores Quiroga, Francisco Villarreal, Manuel Garza, Cosme Treviño, Martín García, Teodoro…, Guadalupe Acevedo, Matilde Esquivel, Jesús Lozano y “Beto” Durán.

Además a: José Garza, Román Garza, Carlos González, Ramón Garza, de Garza Ayala, Eugenio Mireles M., Jesús Villarreal “cochero exclusivo de la enfermera Josefina Valadez de Mascareñas, que acudía de día y de noche a inyectar la recién inventada -penicilina- cada 3 horas, a los enfermos de la comunidad sabinense” y Juan Castellanos.

También se menciona a: Eugenio Castellanos, Trinidad García, Tomás Durán Garza, Rodolfo García, Artemio Mireles, Braulio Cavazos, Eduardo Lozano Kirchner, Antonio Bautista, Emilio Bautista, José María Castellanos, Pedro Quiroga Flores y Tomás Guzmán Durán.

Por último se menciona a: Jesús Castellanos Tamez, Eugenio González, Melchor Botello, Martín Salazar, José Garza Serna, Guadalupe Garza del Barrio del Aguacate, único cochero que lo utiliza únicamente como pasea familiar  y Carlos Cantú y Alejandro Cantú.

Además de: Quirino Garza, Antonio Garza, Nicolás Cavazos, Silvestre Santos, pintor sabinense, realizó al óleo pinturas de coche de Nicolás Cavazos, Guadalupe Muñoz, Matilde Botello, José María Guadiana y uno de los fundadores de la Unión de Cocheros y Similares de Sabinas Hidalgo.

Al parecer los coches se compraban en las Ciudades de Saltillo, Coahuila y Nuevo Laredo, Tamaulipas, entre otras ciudades del país.



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