Profr. Benito López Valadez

Aunque sea en forma somera, y no de manera precisa, concisa y maciza, y aunque sea de manera profusa, confusa y difusa; es necesario y de justicia, mencionar aunque sea de pasada lo que se narrará a continuación.

Profr. Benito López ValadezAunque sea en forma somera, y no de manera precisa, concisa y maciza, y aunque sea de manera profusa, confusa y difusa; es necesario y de justicia, mencionar aunque sea de pasada lo que se narrará a continuación.
José Flores Morales, era un buen jugador del deporte ráfaga, aunque algunos, ahora la quieran hacer más lenta dicha actividad deportiva. Pero se desempeñaba mucho mejor como árbitro.

Cuando venía un equipo foráneo a visitar a los aguerridos sabinenses -de fama reconocida- por propios y extraños, se daba un juegazo por ambos bandos y cuando terminaba el juego y que los visitantes ganaban por un punto, o que fuera mucha la casualidad de que terminaran empatados. Muy ceremoniosamente, José dirigíase al anotador y le decía: -Todo  está bien, pero falta la canasta “Pile”-. Hasta se daba el gran lujo de detallar de que parte de la cancha la había  tirado. Y acto seguido, le quitaba el libro de anotación, anotaba la canasta y movía el  marcador, o como él decía, lo encerraba en un círculo y no había ley, o cosa parecida, que contradijera lo que él acababa de hacer. Se aclara que “Pile” es Porfirio Cervantes Hernández, para los lectores que no están en la onda basquetbolera.

Sale sobrando decir, que el equipo visitante, pasaba rápidamente de la euforia del triunfo, al sabor amargo, triste y real de la derrota. Como consuelo para los que pierden, las derrotas enseñan más que las victorias, a veces las victorias le crean una aureola al jugador que lo desubica de la realidad que se vive. Los sabinenses vivían intensamente lo contrario y los numerosos aficionados gritaban y levantaban los brazos en señal de triunfo. Como que ya sabían lo que se veía venir.

Casi se repetía, lo anterior, una y otra vez o de cuando en cuando, de vez en cuando o de cuando en vez y con los equipos visitantes, que osaban venir a jugar a Sabinas Hidalgo, en la cancha de la “Manuel” o de la “Antonio”, como se diría irrespetuosamente, años después.



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