Profr. Benito López ValadezEn el campeonato Nacional de Béisbol de Mayores, realizado en Culiacán, Sinaloa, como se menciona en la anécdota anterior y en el Capítulo V en lo referente al deporte del béisbol, transcurrió lo anecdótico que en seguida se trata de mencionar.

El juego trascurría como cualquier otro juego de béisbol, sucedió que Jesús Rangel Villarreal Garza, más conocido como “El viejito Gavi”, era el coach de la almohadilla caliente, (tercera base) y Leopoldo Cavazos Ramón, como corredor estaba anclado en la segunda base.

En una de las jugadas siguientes. “Polo”, tanteó que sí “la hacía”, como se dice ahora, o sea que podía llegar a tercera base (seguro, salvo, sin riesgo y sin peligro de ser puesto out).

Y pensando y actuando, -porque de los arrepentidos se sirve Dios, como se dice en términos eclesiásticos. Se dejó ir a toda carrera a la antesala. El jugador defensivo de la segunda base, le lanzó la pelota a su compañero de la colchoneta de la tercera base. La pelota íba dirigida a la frente del coach sabinense, como ya se dijo. Ni tardo, ni perezoso, se tiró literalmente de clavado al suelo, y en un movimiento de esta acción, el tercera base ya tenía la pelota en el guante y al ver al “Viejito Gavi”, que íba a tocar la colchoneta. Lo quemó y el umpire, en ese mismo instante marcó el “out”. Mientras, claro está, “Polo” el verdadero corredor llegaba safe a dicha colchoneta y era ignorado y confundido, por el tercera base, como si fuera el coach.

Después de no poco alegar y averiguar, se llegó a la conclusión, -de que al “Viejito Gavi”, no lo podían quemar porque era el coach sabinense,- y él mismo repetía incesantemente; -”Y a mi, porqué me queman, si yo soy el coach sabinense”. -No sin antes, correr de un lado a otro y con movimientos, con mucha pimienta, como fruto del arbusto pimentero y sin dejar de gesticular y mover los brazos-. Aquel incidente le dio sabor al Torneo Nacional.



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