José Castellanos MaldonadoEs muy probable que se haya usted enterado a través de los medios de comunicación del caso protagonizado por Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, líder priísta del Distrito Federal, llamado “El Príncipe de la Basura” por ser el mandón del gremio de pepenadores.

Este personaje, que ha ocupado diversos cargos de elección, aprovechaba su influencia y poder para contratar edecanes para servicios sexuales personales, a las cuales pagaba incluyéndolas en la nómina del partido que lideraba.

Pero este proceder no era ninguna novedad, pues, con total impunidad lo venía haciendo desde hace años, incluso, ha había sido denunciado por tal motivo, pero ante la indiferencia de quienes podían o debían actuar, nunca pasó ni le hicieron nada.

La explicación, que no justificación, es que dicho personaje gozaba de protección por los servicios que prestaba a su partido, traducidos dichos servicios en votos de toda la gente que mangonea (y explota) como líder de los pepenadores.

Según analistas políticos, el hecho de que en esta ocasión desde el mismísimo CEN priísta hayan decidido actuar para deshacerse de este lastre, se debe, más que nada, a que consideran que su escandalosa conducta en nada ayuda a sanear la deteriorada imagen del PRI, lo que afecta los planes de partido tendientes a recuperar lo mucho que ha perdido, electoralmente hablando, no sólo en el centro del país, sino en diversos Estados.

Al respecto, lo cierto es que estos especímenes existen por doquier, y que aprovechan el liderazgo que ejercen en diversos gremios, a nivel federal, estatal o municipal, para alcanzar posiciones políticas ante el disimulo y el apoyo convenenciero de autoridades y líderes partidistas de todos los colores, capaces de vender su alma al diablo con tal de alcanzar y mantenerse en el poder.



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